Reemplazo total

La documentación virtual es más duradera, almacenable y recuperable que la que está plasmada en papel.

Cada vez que ponen en marcha un nuevo mecanismo de hacer las cosas, las empresas, y hasta los individuos en su vida personal, suelen ser precavidos en cuanto a dejar del todo la forma en que antes las hacían. En lugar de cambiar abruptamente, es probable que lo hagan gradualmente, a fin de poder retornar a los mecanismos ya probados en caso de que algo salga mal con los nuevos. En lo que concierne a las innovaciones técnicas, ese elemento de prudencia es reforzado por la usual imposibilidad, por razones económicas y logísticas, de reemplazar de inmediato la tecnología anterior en todas sus aplicaciones. Así sucedió con la difusión de la electricidad. Su introducción en el alumbrado público y privado fue progresiva, y otros usos tuvieron que aguardar el desarrollo de productos como la radio, la refrigeración y el transporte vehicular.

En el ámbito de la informática, esa prudencia y limitación a la velocidad de reemplazo parecen haber sido relevantes sólo de forma fugaz. En un lapso de pocos años, la transformación de las operaciones empresariales y los estilos de vida ha sido radical. Y se ha generado una notoria dependencia de los sistemas informáticos en cuanto a las comunicaciones, los procesamientos de cobros y pagos, los inventarios, la distribución de productos, los traslados de fondos y un gran número de actividades que hasta hace poco se realizaban manualmente. Se ha llegado al punto en que la falla de un sistema puede paralizar el funcionamiento de una compañía.

Particularmente conspicuo es que los registros del pasado, previamente ubicados en documentos tangibles, están siendo convertidos en ceros y unos sólo interpretables por las computadoras. Los documentos originales son descartados, y se confía en que las fuentes de electricidad y los equipos informáticos sean redundantes y seguros.

No hay motivo de preocupación, dicen los abanderados de la informática. La documentación virtual es más duradera, almacenable y recuperable que la que está plasmada en papel.

Doctor en Economía de Columbia University especializado en empresas, mercados, pronósticos y riesgo.