Conozca las prácticas para ser un consumidor sostenible

Hoy se celebra el Día Mundial de los Derechos del Consumidor

Foto de archivo muestra a la exdirectora ejecutiva del Instituto Nacional de Protección de los Derechos del Consumidor (Pro Consumidor), Anina Del Castillo. (Foto archivo)

De acuerdo a la exdirectora ejecutiva del Instituto Nacional de Protección de los Derechos del Consumidor (Pro Consumidor), Anina Del Castillo, un medio infalible para ser un consumidor responsable y para controlar las finanzas personales es planificar las comidas.

Añadió que estas acciones es para evitar compras innecesarias para que no se estropeen antes de ser consumidas. Además, entiende que de esa manera se estará haciendo un consumo responsable a la vez que contribuimos a disminuir la pérdida y desperdicio de alimentos que según la FAO alcanza anualmente el 30 % de los alimentos producidos.

También, tomar la decisión de sustituir electrodomésticos y bombillas de alto consumo energético por modelos eficientes energéticamente es otra solución. Dice que es cierto que implica una inversión inicial mayor al inicio, pero en poco tiempo se podrá sentir los beneficios en un menor consumo de electricidad y disminución de la factura eléctrica, a la vez que se estará contribuyendo a menores emisiones de gases contaminantes. Ayuda, además, algo que nos han inculcado de generación en generación: apagar luces y todo aparato electrónico lo que no estemos utilizando.

De Castillo indica que otro elemento importante es manejar la basura electrónica: teléfonos, cables eléctricos, baterías, pantallas, CPUs que ya cumplieron su vida útil. Esos productos tienen elementos que pueden ser tóxicos, como el cobre, cuya deposición final necesita de un especial cuidado.

A través de un escrito enviado a Diario libre a propósito del Día Mundial de los Derechos del Consumidor, considera que cerrar las llaves para evitar la pérdida de agua, utilizar un mismo recipiente para el agua o el café y reciclar todo lo posible son también acciones simples e importantes.

“Hacerlas posible solamente depende de nuestra voluntad. Si implementamos estas y otras prácticas en nuestro diario vivir, estaremos contribuyendo con un planeta más sano y a legar a las futuras generaciones de un mejor mañana”, apunta la exfuncionaria.

A continuación el escrito de Anina Del Castillo, emitido este lunes 15 de marzo:

Probablemente, todos recordemos situaciones recientes a las que hemos estado expuestos, como grandes cantidades de basura flotando en las costas de Santo Domingo o las humaredas que nos afectaron originadas en los vertederos cercanos a nuestras ciudades. También la pandemia nos ha permitido ver con mayor claridad efectos negativos de impacto en el medio ambiente. Conscientes de ello, tendemos a pensar que hay que tomar acciones para evitarlas. Pero, ¿quién debe implementarlas?

Sin lugar a dudas, se trata de una responsabilidad compartida. El Estado y las empresas tienen un rol insustituible. Sin embargo, también es cierto que está en nuestras manos hacer mucho más de lo que hemos hecho y pensado hacer para contribuir con un futuro más sostenible.

La agenda 2030 de la Organización de Naciones Unidas (ONU) estableció en el 2015 los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un plan de acción para superar desafíos sociales, económicos y ambientales que afectan al mundo actual. El Objetivo 12 se refiere a la “Producción y Consumo sostenible”, que implica garantizar modalidades de producción y consumo sostenibles. Y esto traslada parte de esa responsabilidad de alcanzarlos a nosotros, quienes consumimos.

La participación ciudadana es vital para alcanzar el ODS 12 y para ello debemos reformular nuestros hábitos de consumo. Siendo conscientes de ello, también es cierto que muchas veces comprobamos que, cuando queremos hacer algo al respecto, como, por ejemplo, optar por productos “ecológicos” la tendencia es que los mismos sean más costoso que otros que no lo son tanto. Debemos entonces reflexionar sobre aspectos que pudieran beneficiarnos al optar por unos y otros.

Ahí cabe pensar en la necesidad y capacidad de compra que tenemos, los niveles de calidad que buscamos e incluso el beneficio que pudiéramos recibir en términos de salud al elegir, para citar una opción, lo orgánico frente a lo que no lo es. Más allá de ello, lo cierto es que existen opciones para que incorporemos a nuestra vida hábitos de consumo para ser más responsables en términos de sostenibilidad. Les planteo algunas ideas.

Si utilizamos teléfonos inteligentes o correos electrónicos, optemos por declinar recibir facturas en papel, las cuales muchas veces no utilizamos para nada, y recibirlas por internet; esa simple medida contrarresta el impacto negativo que sufren especies de animales, flora y el ciclo de las lluvias cada año debido a que el 40 % de los árboles que se talan anualmente en el planeta se usa en la fabricación de papel, es decir, una proporción importante de 15,000,000 millones de árboles.

Otra idea: en nuestro país se ha extendido el uso de bolsas reusables para transportar compras de alimentos. Podemos ampliar su uso para otro tipo de compras. E incluso, renunciar a ciertas envolturas de múltiples productos, lo que también le dará un respiro a la naturaleza porque cada bolsa plástica puede durar hasta mil años en descomponerse.

Las ropas y calzados son un ámbito importante en el consumo sostenible. En efecto, hay grandes marcas cuyo modelo de negocios se basa en producir prendas de costos relativamente bajos, que permanentemente están siendo cambiadas en el anaquel y que generan modas y tendencias a través de múltiples formas de la publicidad que incentivan las compras constantes. Muchas de esas marcas producen usando fibras sintéticas, algunas derivadas del petróleo, como el nylon o el poliéster, las cuales tienen un ciclo de biodegradación largo. Quizá podamos optar por otras que no los usan, lo que también puede ser una forma de presionar a ese tipo de empresas a que opten por materiales y procesos de producción más amigables con el medio ambiente.

Comprar alimentos frescos y locales es una decisión que, sin ninguna duda, también puede ayudar puesto que su transporte a los puntos de venta implica menos emisiones de carbono. Además, estaremos contribuyendo a la generación de empleos en nuestros entornos, lo que impactará positivamente en nuestra economía.

Un medio infalible para ser un consumidor responsable y para controlar nuestras finanzas personales es planificar nuestras comidas. Evitar compras innecesarias para que no se estropeen antes de ser consumidas. Estaremos haciendo un consumo responsable a la vez que contribuimos a disminuir la pérdida y desperdicio de alimentos que según la FAO alcanza anualmente el 30% de los alimentos producidos.

Tomar la decisión de sustituir electrodomésticos y bombillas de alto consumo energético por modelos eficientes energéticamente es otra solución. Es cierto que implica una inversión inicial mayor al inicio, pero en poco tiempo podremos sentir los beneficios en un menor consumo de electricidad y disminución de la factura eléctrica, a la vez que estaremos contribuyendo a menores emisiones de gases contaminantes. Ayuda, además, algo que nos han inculcado de generación en generación: apagar luces y todo aparato electrónico lo que no estemos utilizando.

Otro elemento importante es manejar la basura electrónica: teléfonos, cables eléctricos, baterías, pantallas, CPUs que ya cumplieron su vida útil. Esos productos tienen elementos que pueden ser tóxicos, como el cobre, cuya deposición final necesita de un especial cuidado

Cerrar las llaves para evitar la pérdida de agua, utilizar un mismo recipiente para el agua o el café y reciclar todo lo posible son también acciones simples e importantes. Hacerlas posible solamente depende de nuestra voluntad. Si implementamos estas y otras prácticas en nuestro diario vivir, estaremos contribuyendo con un planeta más sano y a legar a las futuras generaciones de un mejor mañana.

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