Contabilizando el costo de los desastres (II de III)
Desastres naturales. Las tasas de mortalidad de desastres naturales está disminuyendo; y el miedo a que se están haciendo más comunes está mal dirigido. Pero su costo económico está implacablemente en aumento
En el oeste y sudoeste de los Estados Unidos, los suburbios presionan a los responsables del manejo forestal a suprimir los incendios lo más rápidamente posible. Sin embargo, la supresión repetida de incendios hace que los bosques acumulen más carburantes que pueden conducir a incendios más intensos y devastadores en el futuro.
Los incendios forestales del "Sábado Negro" en Australia, en los que murieron 173 personas y destruyeron 2,298 hogares en el 2009, se dijo que fue el peor desastre natural del país. Pero un estudio realizado por Ryan Crompton de la Universidad de Macquarie y otros encontraron que el 25% de las edificaciones destruidas se encontraban entre matorrales y 60% a diez metros de ellos, por tanto expuestos a la amenaza de incendios. El estudio concluyó que si los incendios anteriores hubiesen ocurrido con gente viviendo tan cerca de los matorrales como ocurre hoy, el estallido de incendios forestales en 1939 hubiese sido el más mortal y el sábado negro quedaría en segundo lugar, y solo en el cuarto lugar por el número de edificaciones destruidas.
En lugar peligroso
Las costas estadounidenses podrían ser un microcosmos de hacia dónde se dirige el mundo. La población de la Florida creció de 2.8 millones en 1950 a 19 millones ahora. Howard Kunreuther y Erwann Michel-Kerjan, expertos en desastres de la escuela de negocios Wharton en Pennsylvania, consideran que ahora hay cerca de $10 trillones de dólares de activos propensos a huracanes asegurados a lo largo de la costa desde Maine, bordeando la península de la Florida hasta Texas. Roger Pielke de la Universidad de Colorado en Boulder, considera que el Gran Huracán de Miami de 1926, que en términos de dólares del 2011 costó $1 mil millones, ocasionaría ahora daños por valor de $188 mil millones.
Si el impacto económico de los desastres está aumentando más rápidamente que el PIB mundial no está claro, ya que un mundo más rico naturalmente tiene más riquezas en peligro. No obstante, la incidencia de catástrofes espectaculares, multimillonarias, parece seguro que se incrementarán. Un estudio en el 2007 realizado por el OECD considera que para el año 2070, siete de las diez grandes concentraciones urbanas de activos económicos (edificaciones, infraestructura y otros similares) que están expuestos a inundaciones costeras se encontrarán en el mundo en vías de desarrollo; ninguno se encontraba en el 2005. En ese período, los activos expuestos a esas inundaciones subirán de 5% del PIB mundial a 9%. Un estudio del Banco Mundial dirigido por Apurva Sanghi estimó que entre el 2000 y el 2050 las poblaciones citadinas expuestas a ciclones tropicales o a terremotos serán más del doble, un aumento de 11% a 16% de la población mundial.
Por su naturaleza el desarrollo también agrava los riesgos. En la medida en que las ciudades invaden las costas, los humedales y los ríos, las barreras naturales tales como los manglares y las dunas de arena son eliminadas y se erigen otras artificiales -tales como diques y rompeolas- para mantener el agua fuera. El resultado es colocar a más gente y propiedades en lugares de peligro si esas barreras fallan. Después de la Segunda Guerra Mundial, Japón se embarcó en un programa vigoroso de construcción de rompeolas y diques para proteger sus ciudades contra mareas de tormenta y tsunamis. Eso a su vez estimuló el crecimiento de las ciudades y la industrialización, pero por la misma razón los expuso a daños si un tsunami se llevaba de encuentro sus defensas, como ocurrió en marzo.
Cuando las ciudades ubicadas en deltas de ríos extraen agua subterránea para la industria, el consumo y el saneamiento, el suelo se hunde, colocándolo por debajo del nivel del mar y por tanto requiriendo diques cada vez más altos. Desde 1980 la población de Jakarta se ha más que duplicado, a 24 millones y deberá alcanzar 35 millones para el 2020. El suelo que absorbía desbordamiento de los 13 ríos de la ciudad ha sido desarrollado y ahora se está hundiendo; el 40% de la ciudad se encuentra ahora por debajo del nivel del mar.
Incentivos perversos
Originalmente la gente se establecía en los deltas de los ríos debido a que las inundaciones regulares hacían fértil la tierra. Esas ciudades han continuando creciendo debido a las ventajas económicas naturales que tales concentraciones de talento humano tienen para modernizar las sociedades. Aun cuando la gente pobre que se muda a las ciudades saben que están incrementando su riesgo de morir en una avalancha de lodo o en una inundación, eso es más que compensado por el trabajo mejor pagado disponible en las ciudades. Y en los países ricos, las costas se están poblando sencillamente porque a la gente le gusta vivir cerca del agua.
También funcionan incentivos perversos. Los propietarios de viviendas en los Estados Unidos que se encuentran en llanuras inundables deben tener seguro contra inundaciones para obtener una hipoteca respaldada por el gobierno federal. Pero el seguro federal con frecuencia es subsidiado y mucha gente o están exentos de la regla o viven en lugares donde el riesgo de inundación no ha sido correctamente delineado. Algunos no compran el seguro contra desastres porque asumen que pueden contar con el gobierno federal si sus hogares son destruidos. Una vez que el gobierno declara un desastre, paga entre 75 y 100% del costo de respuesta. A los presidentes cada vez se les hace más difícil rechazar las peticiones de ayuda de los líderes locales, especialmente en años de elecciones. Matt Mayer de la Heritage Foundation, un centro de investigación conservador, dice que de manera rutinaria el gobierno se ocupa de los desastres locales que podrían muy bien ser responsabilidad del estado. El resultado es que el manejo de desastre inadecuado y el financiamiento de los desastres termina subsidiando lugares propensos a desastres como la Florida a costa de estados más seguros como Ohio.
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com
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