Creciendo y multiplicándose

El evangelio llega al istmo.

Una fila de biblias serpenteando por la puerta del Tabernáculo Bautista Bíblico de los Amigos de Israel significa que el servicio de la tarde está a punto de comenzar. La iglesia ha sido remodelada tres veces en diez años para acomodar 10,000 personas, pero tiene tantos adeptos que estos utilizan sus biblias para marcar sus puestos en la fila. La asistencia semanal es ahora de 80,000, que dicen sus funcionarios es la más alta en El Salvador.

El protestantismo evangélico que predica en su interior (y en pantallas en el exterior) está en auge en América Central. Los estimados varían, pero según el Departamento de Estado de los Estados Unidos, apenas el 50% de los salvadoreños se identifican como católicos, y en Honduras y Belice la proporción es menos de la mitad. Les sigue Nicaragua. En comparación, en México, el 90% sigue siendo católico.

Algunos centroamericanos se convirtieron durante las guerras civiles de la década de 1980, cuando los sacerdotes católicos empezaron a criticar sus gobiernos. Para las autoridades, "si eres católico, eres un sospechoso", dice Gregorio Rosa Chávez, el obispo auxiliar de San Salvador. Después del asesinato del Arzobispo Óscar Romero en el 1980, muchos se dirigieron a la iglesia protestante.

Más recientemente, la tendencia conservadora de la iglesia católica ha reducido su congregación. Edgar Lóp ez Bertrand, el fundador de los Amigos de Israel, dijo que él no podía ser un sacerdote católico porque sus padres estaban divorciados. La muchedumbre afuera de su iglesia incluye parejas de adolescentes y minifaldas. (Si surgen problemas en las relaciones de parejas, la iglesia ofrece un libro titulado "¡Socorro! Soy casado".) El evangelio de prosperidad, temerariamente predicado por algunas organizaciones evangélicas, es bien recibido en los países pobres: Costa Rica y Panamá, dos veces más rico que sus vecinos, permanecen enfáticamente católicos.

La cercanía a los Estados Unidos ha estimulado el crecimiento de las iglesias. "Todo lo que conocemos viene de los Estados Unidos", dice Edgar López Bertrand Jr., quien maneja los Amigos de Israel junto a su padre. El conocimiento del manejo de los medios de comunicación es una importante herramienta importada: su iglesia tiene programas de televisión y radio y vende DVD junto con sus libros religiosos.

Los Estados Unidos además proveen misionarios. En toda la región, grupos con camisetas iguales construyen escuelas y excusados en el nombre de Dios. Solo Honduras recibe 50,000 al año. Dice Toni McAndre, quien llegó a El Salvador en el 2004 para predicar el evangelio a los sordos y ahora está creando una biblia por señas, "Dios me golpeó el corazón". Los misioneros en San Salvador tienen un orfelinato y una fundación para niños discapacitados y capacitan pastores evangélicos.

El éxito de los evangélicos está obligando a la iglesia católica a adaptarse. Admite Monseñor Rosa Chávez "debemos preguntarnos ¿por qué nuestra gente nos abandona, qué estamos haciendo mal?". Algunos detectan lineamientos más indulgentes sobre el sexo premarital y hasta con relación al aborto. Y en El Salvador la iglesia católica ahora tiene su propio canal de televisión, que en Navidades tuvo como presentadores a jóvenes con sombreros de Santa Claus.

Según el Departamento de Estado de los E.E.U.U., apenas el 50% de los salvadoreños se identifican como católicos, y en Honduras y Belice la proporción es menos de la mitad.

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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com