EE.UU. de Trump amenaza la paz nuclear

La hostilidad hacia el multilateralismo significa que las fuerzas que contenían la proliferación se están disipando

Donald Trump, presidente de EE.UU. (Archivo)

Este año se cumple el septuagésimo quinto aniversario del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki. Y han transcurrido 50 años desde que el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) se propuso detener la propagación del arma más mortal que la humanidad jamás haya ideado. Los aniversarios pudieran haber sido un momento para sentirnos reconfortados de que el horror de agosto de 1945 nunca más se ha repetido. En cambio, los pilares de la restricción se están desmoronando. Nos estamos dirigiendo hacia una caótica era de proliferación nuclear.

El desvanecimiento de los recuerdos ha tenido el peligroso efecto de hacer que la amenaza nuclear parezca casi imaginaria. Olvídate de las armas de destrucción masiva; el futuro de los conflictos, según lo dicta actualmente la moda estratégica, radica en las armas de disrupción masiva en los reinos del ciberespacio y de la inteligencia artificial (IA). A los pactos de control de armas les corresponde estar en los armarios cubiertos con telarañas de la Guerra Fría.

Donald Trump ha dicho que EE.UU. nunca permitirá que Irán adquiera una bomba nuclear. Incluso cuando el presidente estadounidense amenaza al régimen de Teherán, su administración está desmantelando la arquitectura internacional que ha mantenido la paz nuclear. El rechazo de Washington del gran acuerdo de poder para detener el programa nuclear de Irán, el llamado Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés), ha sido seguido por su retirada del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés) que, durante tres décadas, les prohibió a EE.UU. y a Rusia desplegar misiles de alcance corto e intermedio. El nuevo Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START, por sus siglas en inglés), el cual limita las fuerzas nucleares estratégicas, expira en 2021. Trump le ha dicho al presidente ruso Vladimir Putin que no tiene interés en reemplazarlo.

En 1963, el presidente estadounidense John F. Kennedy predijo que era posible que, dentro de un período de aproximadamente una década, alrededor de 30 Estados tendrían armas nucleares, en comparación con los cinco que entonces las tenían o que estaban cerca de adquirir la capacidad de usarlas. Su lista contenía tanto aliados como adversarios, incluidos Japón, Suecia, Polonia, Checoslovaquia y Alemania Occidental así como Alemania Oriental. Resulta ser que, actualmente, hay nueve Estados nucleares: los cinco originales más Israel, India, Pakistán y Corea del Norte.

Kennedy y sus sucesores en la Casa Blanca inmediatamente comenzaron a trabajar para frustrar su predicción. Meses antes de su asesinato, él acordó con el presidente soviético Nikita Kruschev el tratado de prohibición parcial de pruebas nucleares. Detener la proliferación nuclear, y luego acordar los límites con Moscú en cuanto a la producción y al despliegue de misiles y de bombas nucleares, de allí en adelante formaron parte del núcleo de la estrategia de defensa estadounidense.

El TNP de 1970 fue seguido por el Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABMT, por sus siglas en inglés) y luego por el Tratado de Limitación de Armas Estratégicas (SALT, por sus siglas en inglés). EL SALT se convertiría más tarde en el START, el cual impuso recortes, en lugar de límites, en el número de armas. A mediados de la década de 1990, el acuerdo inicial de Kennedy con Kruschev se había convertido en el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (TPCEN), actualmente firmado por más de 180 Estados.

Washington les prestó atención a las preocupaciones de los aliados. Si los presidentes estadounidenses estaban preocupados por la adquisición de la bomba por parte de Alemania Occidental — y sí estaban preocupados —, la respuesta era ofrecer una garantía nuclear. La “disuasión extendida” les proporcionó a los miembros de la alianza atlántica un lugar bajo el escudo de protección estadounidense. Las mismas garantías se les dieron a Japón y a la República de Corea a través de tratados bilaterales de defensa.

Ninguno de estos arreglos fue perfecto; sólo hay que observar el desafío de India, de Pakistán, de Israel y, más recientemente, de Corea del Norte. Algunos de los acuerdos fueron corrompidos por el sostenido engaño por parte de Rusia, por lo cual todavía no ha tenido que apropiadamente rendir cuentas. Pero la arquitectura esencial proporcionó tanto cierta estabilidad estratégica y previsibilidad en las relaciones entre las superpotencias, como un desincentivo para cualquiera que quisiera unirse al club nuclear. Éste fue el marco en el que Sudáfrica, Ucrania, Kazajstán y Bielorrusia desmantelaron voluntariamente sus arsenales nucleares a principios de la década de 1990.

Trump ha dicho que su administración no cree en el multilateralismo. Su política de ‘EE.UU. primero’ no permite tratados que limiten el poder nacional estadounidense. Él tampoco está preparado para ofrecerles sólidas garantías a los aliados.

Así es que las fuerzas que contenían, si no evitaban, la proliferación se están disipando. Los firmantes del TNP habían programado una revisión para conmemorar su quincuagésimo aniversario. La idea era fortalecer sus disposiciones. En ausencia de la participación estadounidense, el esfuerzo está destinado al fracaso.

En cambio, tanto EE.UU. como Rusia están modernizando sus arsenales. A China se le ha dejado en libertad de continuar ocultando información acerca de sus fuerzas nucleares y de rechazar cualquier límite en su expansión. Los canales de comunicación entre EE.UU. y Rusia para evitar accidentes o errores de cálculo se han cerrado. Pakistán está aumentando su arsenal nuclear, y Corea del Norte bien puede que reanude las pruebas de misiles. Irán está enriqueciendo más uranio, y pronto estará cerca de lograr una bomba nuclear utilizable.

Los amigos de EE.UU. están haciendo sus propios cálculos mentales en cuanto a si la disuasión extendida ya no tiene un significado real. No hay razón para anticipar que haya una ‘estampida’ hacia los laboratorios nucleares, pero hay que pensar en cinco o 10 años en el futuro. Cuando el presidente francés, Emmanuel Macron, ha hablado de un elemento disuasorio “europeo”, independiente de EE.UU., está abordando los temores privados de muchos aliados estadounidenses. Es probable que Japón y Corea del Sur estén a menos de un año de construir una bomba. La total locura de todo esto es que, como bien entendió Kennedy, nadie tiene más que perder que EE.UU. en una caótica era de proliferación nuclear.

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