Encuentro del Reino Medio con el Reino Mágico

Las escuelas de Disney en China. Una empresa de medios occidental ofrece un producto que los chinos no pueden resistir: educación

Miles de niños chinos se han inscrito en las escuelas Disney desde que se abrió la primera en octubre de 2008.
Un martes a las 6:00 pm, niños empiezan a llegar a un sencillo edificio comercial en el momento en que los empleados empiezan a salir. Una pequeña tienda al frente conduce a una escuela de inglés manejada por Disney. No es una entrada muy atractiva, apretujada entre una polvorienta farmacia y un lugar de comida rápida. Como se trata de China, muchos de los que lo ven creen que es falso. Pero el comentario se está regando entre la red de padres: es auténtico.

Niños hasta de dos años suben las escaleras. A simple vista las aulas parecen cajones deprimentes, pero dos de las cuatro paredes son monitores de video interactivo. Cada lección es asistida por sirenitas, patos, ratones y otros iconos virtuales de Disney. Pulse la respuesta a una pregunta (por ejemplo un huevo frito) en una pantalla, y esta sale del cielo en otra. Mientras los maestros instruyen, el aula parece que se mueve.

La mayoría de los estudiantes lucen felices y atentos. Cuando hacen sus preguntas, su inglés suena tan poco articulado como los estadounidenses de su misma edad. Miles de niños chinos se han inscrito en las escuelas Disney desde que se abrió la primera en octubre de 2008.

La matrícula cuesta US$1,800 al año: una suma importante en China. Pero Disney dice que sus resultados son impresionantes. Cuenta con diez escuelas en Shanghái, cinco en Beijing y tiene planes para duplicar ese número el próximo año, moviéndose lentamente desde las dos ciudades chinas más grandes a las áreas circundantes. El principal inconveniente no son los clientes - las escuelas ya tienen listas de espera - sino la capacitación y el personal. Las nuevas escuelas deben ubicarse en lugares que puedan ser fácilmente supervisadas.

Cada aula cuenta con un instructor occidental y uno local. Las imágenes han sido adaptadas a la cultura china: por ejemplo, el arroz aparece en un tazón, no en un plato llano. Más de 300 canciones, todas animadas, proporcionan ayuda nemónica. Unos 60 libros completan el material de los cursos. Todo ha sido supervisado por la censura china.

Los costos iniciales para su desarrollo, que Disney no ha revelado, deben haber sido enormes. Dentro de una década el programa tendrá un impacto material en los ingresos de Disney, predice Andrew Sugerman, quien lo dirige. Disney espera que por un tiempo continúe duplicando cada año el número de estudiantes chinos. Este es un proyecto riesgoso - a largo plazo, complejo y en un área que la China considera muy sensible: la educación. Sin embargo el beneficio potencial es enorme.

La misma complejidad de la educación significa que es menos vulnerable a la piratería que usualmente previene a las empresas de medios occidentales a ganar dinero. Una copia pirateada de "Mulan" es mucho más barata que la original y posiblemente sea igual de buena, tomando en cuenta que es robada. Es mucho más difícil imitar una buena educación.

Los grupos muestra de Disney determinaron que para los padres chinos, "la educación lo es todo". Dice Sugerman que el inglés, específicamente, es visto como un pase al mundo. Estudios hechos por Disney estiman que el mercado para las clases de inglés de los niños chinos está creciendo 12% anual y alcanzará $3.7 mil millones para el 2012. Esa parece una cifra modesta. Adele Mao, un analista de OLP Global, una firma de investigación y asesoría, considera que el mercado ya es de $6 mil millones al año y crecerá en un 20%.

Existe un mercado similar para la educación de adultos. Una empresa china que trabaja con todas las edades, inscrita en la bolsa de Nueva York, New Oriental Education, tiene un valor de mercado de $3.8 mil millones. Docenas de otros ya han ingresado al mercado.

Los padres chinos, cuyas esperanzas con frecuencia están puestas en un solo niño, son comprensiblemente cuidadosos acerca de las escuelas. Para la empresa que pueda aprender a ayudar a los pequeños emperadores a educarse, la compensación será inmensa. Y para Disney, el negocio tiene un bono adicional: los niños chinos que han crecido con Mickey y con Goofy podrían un día exigir que les lleven a los parques de Disney.



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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com