Cómo las capacidades cibernéticas de China provocaron una guerra fría tecnológica
La historia de espionaje en el Partido Comunista de China de Roger Faligot destaca el crecimiento acelerado de los servicios de inteligencia de la nación
Entre la fanfarronada y la torpeza de la administración Trump, puede ser fácil pasar por alto las tendencias realmente importantes. El esfuerzo concertado durante el año pasado para bloquear, exprimir y castigar a la industria tecnológica de China es uno de esos momentos. Ha marcado un cambio fundamental en la relación entre EEUU y China, dando un salto hacia una confrontación mucho más profunda. Washington alguna vez esperó darle forma al ascenso de China. Ahora está intentando obstaculizarlo.
Las raíces se encuentran en parte en la mentalidad mercantilista de la administración estadounidense y en parte en las inseguridades de una sección de los dirigentes de la política exterior de Washington, lo cual impulsó la búsqueda de nuevos demonios que matar. Pero también es una reacción inevitable a las agresivas capacidades de inteligencia y vigilancia que ha instalado China. Los lectores del libro “Chinese Spies” (Los espías chinos) de Roger Faligot notarán que la nueva guerra fría tecnológica ha estado en marcha durante algún tiempo.
La creciente competencia entre Washington y Beijing no es el tema inmediato de la historia de la inteligencia china de Faligot; de hecho, la primera edición de la versión en francés se publicó en 2008. Pero al leer la versión en inglés en 2019, que incluye varios capítulos nuevos sobre eventos recientes, proporciona una parte significativa de la historia de cómo llegamos a este punto.
El sujeto de análisis de Faligot es el Partido Comunista de China y sus esfuerzos por desarrollar lo que él describe como el servicio de inteligencia más grande del mundo. Pone especial énfasis en el ministerio de seguridad del Estado, conocido como Guoanbu, la agencia de espionaje no militar más grande en China. “La palabra ‘Guoanbu’ probablemente se volverá tan familiar en el siglo XXI”, concluye, “como las siglas MI6, CIA y KGB lo fueron en el siglo XX”.
Faligot, periodista francés y observador de China desde hace mucho tiempo, tiene un conocimiento enciclopédico de la historia de las agencias de espionaje de China. En un área donde gran parte de los registros históricos distantes están estrictamente prohibidos, su extensa investigación será útil para los académicos. Si bien algunos lectores generales pueden sentirse desanimados por las descripciones meticulosas de las diferentes agencias y sus responsabilidades, también brinda muchas historias fascinantes.
El espionaje ha formado parte del Partido Comunista de China desde sus primeros días, lo cual no debería sorprender a nadie dado que se fundó en secreto en la atmósfera febril de la década de 1920 en Shanghái, donde los poderes coloniales, los pandilleros y los grupos nacionalistas competían por influencia.
La figura central fue Zhou Enlai, el primer ministro de China de 1949 a 1976. Zhou es más conocido por las habilidades diplomáticas que demostró durante la Segunda Guerra Mundial, pero también desarrolló un gusto por las actividades clandestinas cuando era un joven en París. Para no atraer la atención de las autoridades francesas convivió con exiliados como Deng Xiaoping bajo el nombre de Stephen Knight. Además obtuvo un pasaporte británico y afirmó ser un hombre de negocios de Hong Kong. Al regresar a China en 1928 después de un período en la escuela de espías de GRU en las colinas de Lenin, en las afueras de Moscú, Zhou estableció una serie de redes de inteligencia que, según escribe Faligot, tienen un “vínculo directo” con el “servicio de hoy”.
En los nuevos capítulos sobre eventos contemporáneos, él destaca el crecimiento acelerado de las capacidades de inteligencia de China durante las últimas dos décadas. En particular se resaltan dos temas. Primero, desde el principio, las agencias de espionaje de China se centraron en el Internet, como un arma poderosa y como una herramienta para imponer un mayor control social.
Faligot detalla las formidables capacidades de la guerra cibernética que ha desarrollado China y que han permitido que Beijing pueda llevar a cabo una “batalla global de intrusión, piratería, bombardeo de spam y la infección por virus de sitios web y bancos de datos extranjeros”. Los primeros ataques de este tipo que él relata tuvieron lugar en 2005, cuando los ejecutivos de las compañías japonesas Mitsubishi y Sony llegaron a trabajar y descubrieron que se habían insertado mensajes anti-japoneses y la bandera china en sus sitios web. Esas habilidades se han perfeccionado para extraer secretos comerciales de empresas extranjeras. “El Guoanbu ha sido responsable de organizar el robo de tecnología digital de otros países”, escribe Faligot.
Además de la intrusión en el extranjero, a las agencias de inteligencia se les ha “dado la misión de organizar un vasto sistema de control de la población china”. Muchas de las nuevas técnicas se desarrollaron por primera vez en Xinjiang y el Tíbet, incluyendo el registro obligatorio de usuarios de Internet, que se ha utilizado para erradicar a los ciberdisidentes. Algunos de los miles de estudiantes chinos que se graduaron de las facultades de tecnología informática de las universidades de EEUU fueron contratados por Guoanbu para desarrollar esta Gran Muralla virtual.
El segundo tema es la forma en que estas capacidades ahora han sido aprovechadas por un líder todopoderoso. La historia de los servicios de inteligencia de China en la última década es también la historia de cómo Xi Jinping ha amasado tanto poder, otro de los factores que provocó una reacción tan nerviosa en Washington.
Xi ha llevado a cabo una amplia campaña anticorrupción cuyo blanco principal fue Zhou Yongkang, quien en 2015 se convirtió en el primer ex miembro del comité permanente del politburó condenado por delitos graves y sentenciado a cadena perpetua. La detención de Zhou permitió que Xi pudiera derrotar a un rival político. Pero también le permitió organizar una purga de los servicios de seguridad, de los que Zhou había estado a cargo en la administración anterior. Durante su período como el jefe efectivo de espías de China, Zhou había establecido lo que Faligot llama un “servicio de diplomacia paralelo” y también había estado espiando a todos los otros líderes chinos de alto nivel. La purga del “antiguo sistema Zhou Yongkang”, concluye Faligot, le permitió a Xi “retomar el control del Partido Comunista de China, el Ejército Popular de Liberación y los servicios secretos”.