Trump está a punto de iniciar una guerra comercial sin salida

El presidente cree que puede vencer a China, pero carece de una estrategia de resolución

Washington está considerando imponer nuevos aranceles a las importaciones chinas de 60 mil millones de dólares.

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El presidente Donald Trump se está preparando para iniciar la guerra comercial contra China que siempre ha deseado, lo cual ha suscitado preocupaciones en la comunidad empresarial de EEUU.

Si bien existe un amplio consenso en Washington de que EEUU necesita encontrar una respuesta más contundente ante una China en ascenso, existe una preocupación real de que la administración Trump no tiene una estrategia para poner fin a la guerra que está a punto de iniciar.

Si el conflicto fuera militar, Washington ya estaría inundado con personas advirtiéndole al presidente que debe prestarle atención a la llamada Doctrina Powell. Nacida de las lecciones de Vietnam, sostiene que no debes iniciar un conflicto sin tener una estrategia de salida.

Dicho en esos términos, la guerra comercial del Sr. Trump con China podría ser como invadir Afganistán, un atolladero sin salida.

Incluso aunque el Sr. Trump crea que está proporcionando las protecciones comerciales que prometió entregarle a su base antes de las elecciones de mitad de período de noviembre, una política centrada en ganancias políticas a corto plazo podría causar una disrupción a largo plazo en las dos economías más grandes del mundo.

En los últimos días, muchos empresarios le han suplicado a la administración Trump que no imponga aranceles a la electrónica, los zapatos y otras importaciones procedentes de China, que van mucho más allá del acero y el aluminio que ya tenía como blanco. Sin embargo, el Sr. Trump está considerando hacer exactamente eso.

Se espera que su administración anuncie en breve las conclusiones de una investigación “Sección 301” sobre las prácticas de propiedad intelectual de Beijing. Personas familiarizadas con sus hallazgos dicen que acusarán a China de forzar la transferencia de tecnología con un valor de US$30 mil millones al año de compañías estadounidenses que intentan hacer negocios en China. Destacará cómo firmas en EEUU han perdido ingresos de miles de millones de dólares ya sea debido a la intervención de hackers chinos respaldados por el Estado que se están robando propiedad intelectual o a través de derechos de licencias perdidos.

En conjunto, Washington está considerando imponer nuevos aranceles sobre las importaciones chinas de US$60 mil millones al año. Al mismo tiempo, se espera que EEUU imponga restricciones a la inversión de China y posiblemente incluso nuevos límites a las visas para los ciudadanos chinos.

Pero, ¿está lista la administración Trump para participar en las difíciles negociaciones con Beijing para abordar los problemas subyacentes? Y si inicia la guerra, ¿cuál es su objetivo real?

El Sr. Trump ha hablado sobre reducir el déficit comercial anual de US$375 mil millones con China y solicitó que Beijing desarrollara un plan de reducción de US$100 mil millones. Él y otros en su administración también han hablado acerca de traer fábricas de vuelta a EEUU. En otras palabras, su enfoque es principalmente doméstico.

Pero para las empresas estadounidenses, las verdaderas ganancias vendrían de un cambio real en el régimen de propiedad intelectual de China, las reglas de inversión y otras regulaciones que dificultan la actividad comercial en China. Su objetivo es abrir aún más el lucrativo mercado de China.

Obtener tales concesiones requeriría una ardua negociación. Pero el equipo del Sr. Trump ha señalado en repetidas ocasiones que están hartos de hablar con China. El año pasado congelaron la línea principal de las conversaciones económicas bilaterales. Están convencidos de que cada administración estadounidense que ha negociado con China ha sido engañada.

Algunos ex funcionarios estadounidenses que han tratado con China reconocen que la Casa Blanca del Sr. Trump tiene buenas razones para desconfiar de las conversaciones. Los funcionarios chinos saben cómo atrapar a sus interlocutores en discusiones interminables que no van a ninguna parte.

Muchos en el sector de negocios entienden la frustración de la administración Trump. Cuando Liu He, el principal emisor económico de Xi Jinping, visitó Washington este mes para abogar por la paz comercial, los ejecutivos empresariales le dijeron que habían perdido la confianza en las promesas de reforma de China. Debido al pobre historial del Sr. Xi, argumentaron, Beijing necesitaba demostrar su caso mediante acciones en lugar de palabras.

Los partidarios del Sr. Trump argumentan que el presidente está tratando de forzar a China a hacerlo, creando consecuencias reales para Beijing en lugar de participar en las interminables conversaciones y el litigio de la Organización Mundial del Comercio que envolvió a las administraciones anteriores.

Hay otra posibilidad. La grandilocuencia militar que ha utilizado el Sr. Trump para abordar el comercio replica la retórica de “fuego y furia” que empleó con Corea del Norte. Él cree que sus amenazas, junto con las endurecidas sanciones, provocaron un ablandamiento en la postura de Pyongyang. El Sr. Trump, envalentonado por ese éxito, está a punto de iniciar una guerra comercial que él cree que puede ganar.

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