La deuda con el placer
"Soberano en los gustos, ojos de acero, puntual en la percepción del riesgo, e implacable en la maximización de la felicidad". Esta fue la suma memorable de Daniel McFadden, en el 2006, de la idea de Everyman1 que mantienen los economistas. Que esta descripción no se parece a ninguna persona real era el punto de McFadden. El economista ganador del premio Nobel de la Universidad de California, Berkeley, irónicamente lo denominó homo economicus "una especie rara". En su último artículo*, él describe una "nueva ciencia del placer", en la cual arguye que la economía debía aprender mucho más de campos tales como la psicología, la neurociencia y la antropología. Desea que los economistas acepten que la evidencia de otras disciplinas no solo explica las partes del comportamiento que no se ajustan al modelo estándar. Por el contrario, lo que los economistas consideran como anómalo es la norma. Homo economicus, no su falible contraparte, es la rareza.
Para dar un ejemplo, las "personas" en los modelos económicos tienen preferencias fijas, que son tomadas como un hecho. Sin embargo, muchas investigaciones de psicología cognitiva muestran que las preferencias de hecho son bastante fluidas. Las personas valoran cosas mundanas mucho más cuando consideran que éstas de alguna manera son "propias": insisten en un precio más alto por una taza de café que ellos consideran es suya, por ejemplo, que una idéntica que no lo es. Este "efecto de la dotación" significa que las personas retienen acciones mucho más tiempo después de que tenía sentido venderlas. Los científicos cognitivos también encontraron que a las personas les disgusta mucho más perder algo que lo que les gusta ganar el mismo monto. Esa "aversión a la pérdida" puede explicar por qué con frecuencia las personas eligen pólizas de seguro con deducibles menores aun cuando la prima es más costosa. Al momento de un accidente, un deducible se siente como una pérdida, mientras que el pago de las primas forma parte del status quo.
Otra área donde la economía ortodoxa se encuentra perdida es en el papel de la memoria y la experiencia para determinar opciones. El recuerdo de una experiencia dolorosa o placentera es dominado por cómo la persona se sintió en el momento culminante y al final del episodio. En un experimento en el 1996, Donald Redelmeier y Daniel Kahneman, dos psicólogos, mostraron que agregar deliberadamente un dolor repentino al final de una colonoscopía que era de menor intensidad que en el momento peor, hacía que los pacientes recordaran la experiencia más favorablemente. A diferencia del homo economicus, la persona real está fuertemente influenciada por cosas tales como el orden en el cual ven opciones y qué ocurre justo antes de elegir una. El incorporar estos hallazgos en los modelos del comportamiento del consumidor debería mejorar su poder para predecir todo desde los préstamos que las personas elijan hasta las universidades a las que aplicarán.
La confianza es algo que los economistas ya incorporan a sus modelos. Pero la confianza resulta que no es solo una función de historia e interacción, como tienden a pensar los tristes científicos, sino también producto de la química del cerebro. El darle oxytocin a las personas, la denominada "hormona del amor", se ha determinado que las hace más generosas en juegos en los que tienen que decidir cuánto de su dinero confiarle a otra persona que no tiene un incentivo real para devolverlo. Verdaderamente soberano.
Gran parte de esto podría ser extraño para los economistas modernos, pero está alineado con la concepción que otras disciplinas tienen de la toma de decisión de los seres humanos. Los psicólogos por mucho tiempo han sabido que las elecciones y preferencias de las personas están influenciadas por otros. Los biólogos tienen una comprensión mucho mejor del altruismo y la bondad, ya sea con los relacionados o los extraños, de la que tienen los economistas, quienes usualmente dan énfasis a la obstinada persecución del interés propio. Esta manera de pensar habría sido también reconocida por sus antepasados intelectuales. Adam Smith escribió extensamente acerca del papel central del altruismo y preocupación por otros como motivadores del comportamiento humano. La idea de la aversión a la pérdida habría tenido sentido para Jeremy Bentham, el fundador del utilitarismo: habló del aumento del placer y de la disminución del dolor como dos fuentes distintas de felicidad.
McFadden considera que los economistas necesitan hacer las cosas de manera diferente si verdaderamente desean entender cómo las personas toman decisiones. La manipulación de la actividad cerebral es una forma de profundizar de dónde proceden realmente las opciones económicas. El análisis de la información que las personas reciben a través de las redes sociales les ayudaría a comprender el papel de la influencia y la identidad en la toma de decisiones.
Dichas herramientas tienen implicaciones de política. Muchas personas pobres en los Estados Unidos son cautelosas ante programas como el Crédito por Impuesto sobre la Renta (EITC por sus siglas en inglés) porque la idea de recibir dádivas del gobierno refuerza la sensación de impotencia. La dignidad no es algo que la economía de la corriente principal tiene mucho en cuenta. Pero el crear una sensación de dignidad resulta ser una poderosa manera de afectar la toma de decisiones. Un estudio realizado por Crystal Hall, Jiaying Zhao y Eldar Shafir, un trío de psicólogos, encontró que el hablar con personas pobres en un comedor comunitario para que recordaran cuándo se sintieron "exitosos y orgullosos" casi duplicó la posibilidad de que aceptaran los folletos que describen cómo obtener un reembolso EITC que miembros de otro grupo a quienes solo se les preguntó sobre la última comida que habían tenido.
Un empujoncito y pensar
Tomar el camino sugerido por McFadden podría también conducir a los economistas a reevaluar algunos artículos de fe. Los economistas tienden a creer que tener más opciones es bueno. Sin embargo, las personas con demasiadas opciones en ocasiones no logran hacer ninguna elección: piense en los trabajadores que prefieren que sus empleadores los pongan por "defecto" en planes de pensiones con tasas de cotización preestablecidas. El modelar explícitamente el proceso de hacer una elección podría motivar a los economistas a asumir una visión más ambigua de una abundancia de opciones. Podría también hacerlos más escépticos de "preferencia revelada", la idea de que la evaluación de varias opciones por una persona podría ser deducida de sus acciones. Esto es sin lugar a dudas más confuso que la economía estándar. También lo es la vida real.
1 Hombre común ha llegado a significar un individuo ordinario, con el que el público o el lector se supone que es capaz de identificarse fácilmente, y que se coloca a menudo en circunstancias extraordinarias. El nombre deriva de una obra moral del siglo XV denominada Everyman.
* "The New Science of Pleasure", NBER. Documento de Trabajo Núm. 18687, febrero 2013
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De The Economist, traducido por Diario Libre y publicado bajo licencia. El artículo original en inglés puede ser encontrado en www.economist.com