Matrimonios e inversiones

Cuando los monarcas europeos tenían verdadero poder, los matrimonios dentro de la realeza se planeaban con mucho cuidado. Al casar al rey o príncipe de un país con una princesa de otro país se sellaba una alianza que podía incluso llevar a la unificación de los tronos, o cuando menos a un convenio militar estratégico entre ambos. No, los matrimonios gays no estaban de moda, aunque según las crónicas no faltaban relaciones de ese tipo.

Las alianzas entre empresas tienen cierto parecido con esos matrimonios reales, pero aunque hay bodas entre miembros de familias que controlan compañías, es más frecuente que la alianza no se concrete por esa vía sino mediante intercambios de acciones o inversiones en ellas.

Pero igual que como algunos matrimonios pueden no resultar como se esperaba, por incompatibilidad, infidelidad, falta de herederos u otras causas, las alianzas entre compañías pueden no dar los frutos esperados. Y también como en los matrimonios, a veces no es fácil romper el vínculo creado entre empresas, y no es posible recurrir a métodos tan drásticos como los usados por Enrique VIII de Inglaterra para librarse de sus esposas.

Un ejemplo de esa situación es la alianza entre Volkswagen y Suzuki, fabricantes de vehículos de motor. En enero del 2009, en medio de grandes festejos, Volkswagen adquirió el 20% de las acciones de Suzuki por US$1,700 millones. Hubo promesas recíprocas: Suzuki tendría acceso a la tecnología de Volkswagen y le brindaría acceso al enorme mercado potencial de la India. Menos de dos años después las relaciones se habían agrietado y la causa, según Volkswagen, fue infidelidad, pues Suzuki prefirió comprar motores diesel fabricados por Fiat.

Suzuki pidió el divorcio, es decir, readquirir las acciones que Volkswagen había comprado, pero éste no quiso. Esta semana se anunció que las conversaciones entre ambas empresas se habían reiniciado.