Venta de cédulas

Se ha dicho y repetido, a lo largo de los años, que en las elecciones dominicanas se compran cédulas de los simpatizantes del partido contrario, a fin de impedir que voten. Se trata de una transacción analizable económicamente, con cuatro aspectos principales.

Uno es que, como toda venta, está sujeta a la oferta y demanda en función al precio. Mientras mayor sea éste, la oferta aumenta pues más personas estarán dispuestas a dejar de votar, pero también la demanda disminuye, ya que los fondos del comprador tienen un límite.

No es, por otro lado, un mercado donde se conocen los precios a que todos venden y compran. Eso significa que el precio puede cambiar de un lugar a otro, posibilidad que aumenta en las elecciones donde hay candidatos locales, pues cada demarcación tiene en ese caso sus propias características, pero puede ocurrir también en los comicios presidenciales.

Una tercera característica es que el producto vendido es perecedero, no almacenable. Dado que lo que se vende es en realidad la capacidad de votar, la transacción se asemeja a la reventa de entradas a un evento artístico o deportivo. La taquilla sólo vale para el día del espectáculo. Tan pronto ese día pasa, la taquilla no vale nada. Al no poder almacenarse, no hay posibilidad de especular con inventarios.

El cuarto aspecto tiene que ver con las expectativas. Si la elección es cerrada, el ciudadano estará más renuente a vender su derecho a votar, por dos razones. Una de ellas es que sabe que su voto puede influir en el resultado y que no votar puede perjudicar a su candidato. La otra es que sabe que el comprador estará dispuesto a pagar más. Pero si la percepción es que el candidato va a perder, el precio de la cédula baja. Eso implica que conviene al comprador convencer al vendedor, mediante propaganda, resultados de encuestas u otros medios, de que su voto no es importante y no hará ninguna diferencia