Aceite de coco, no de uso rutinario

A todos nos interesa alimentarnos de forma saludable, tener un peso corporal adecuado y prevenir enfermedades crónicas. En ese interés, leeremos muchas informaciones (como esta columna por ejemplo) y así muchas otras no siempre de fuentes confiables.

Para darle seguridad a un contenido, cuando de salud se trata, la evidencia científica es fundamental. Lo he repetido de forma frecuente con la intención de que no continuemos siendo parte de una moda o tendencia saludable que en algunos puede potenciar efectos secundarios desfavorables.

No escapa de nuestra vista las bondades y el sabor que ofrece el aceite de coco, el cual se agrega a jugos, postres, café y para uso regular en la cocción de los alimentos.

Sin embargo, es bueno resaltar que las grasas saturadas tienen relación con la elevación del colesterol LDL (conocido como colesterol malo) y a su vez con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, y es por esto, que múltiples organizaciones competentes (ej. Sociedad Americana del Corazón (AHA)) limitan el consumo de las mismas a un 10 % del total diario de calorías a consumir.

Las grasas saturadas se encuentran en las carnes (pollo, res, cerdo), mantequillas o margarinas, quesos, embutidos (salami, salchichas) y también en el aceite de coco. El aceite de coco contiene aproximadamente un 87 % de grasas saturadas (comparado con un 63 % en la mantequilla y un 14 % en aceite de oliva). Entendiendo este valor nutricional, ¿por qué razón se ha promovido el consumo frecuente?

La respuesta incluye, entre otros, que contiene un tipo de ácido graso de “cadena media” (MCT por sus siglas en inglés) que ha demostrado ser beneficioso en el aumento del colesterol HDL (bueno), supuesto apoyo en la pérdida de peso y aporte de antioxidantes.

Además, entre sus otros aportes se resalta que ayuda a enfermedades como alzheimer, artritis, diabetes y que por su rápida absorción resulta una fuente de apoyo en el manejo de la desnutrición.

¿Superan estos beneficios el hecho de que eleva el colesterol LDL (“colesterol malo”)?

Si padece de hipercolesterolemia genética, ha presentado niveles de colesterol elevados, padecido de algún evento cardiovascular (como infarto cardiaco o cerebral) la recomendación como leímos anteriormente, es limitar el consumo, no hacerlo de manera regular y utilizar de forma sustituta aceite de oliva, aguacate y nueces como fuente de grasas mono/poliinsaturadas (grasas buenas). Como hemos analizado, es un tema controversial, por eso, la conducta sugerida es limitar el consumo de aceite de coco e incluirlo sólo de forma esporádica, pues los beneficios que confiere no han conseguido resultados significativos desde el punto de vista científico para incluirlo de forma regular.

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