Existen deudas: tontas, inteligentes y...
En ocasiones nos endeudamos para comprar cosas que no cubren una necesidad prioritaria. Otras veces compramos cosas y otros pagan, directa o indirectamente, la cuota de nuestra deuda. Y existen operaciones en las que, además de que otro paga por nuestra deuda, nos sirven de ahorro. ¿Ya puede clasificar los nombres del título?
Las deudas en una persona tienen su historia emocional que conlleva a que cada individuo reaccione diferente ante ellas. La experiencia propia o de algún ser querido nos suele condicionar. Lo que se oye o se lee también llega a ser un factor determinante en nuestra posición.
Por ejemplo: Si algún ser querido quedó endeudado después de un negocio, o nuestro padre perdió su casa por un descontrol con los préstamos de consumo, posiblemente la palabra deuda nos encienda una luz roja y salgamos corriendo. Si leemos a una autoridad en finanzas que explica cómo hacerse rico utilizando dinero de bajo costo para sacarle alto rendimiento, veamos las amigas rojas con unos lentes diferentes.
Para diferenciar las deudas siempre digo que hay que encontrar quién paga por ellas. Si lo hacemos nosotros, es tonta, si otro paga por ella pasa a la categoría de estudiosa universitaria. Advierto que hay deudas que son obligatorias por un evento imprevisible... esas no entran en esta forma de verlas.
Deudas tontas: Hay personas que no tienen la cultura del ahorro ni la de prever eventos comprando un seguro adecuado, por lo tanto, cualquier imprevisto financiero les hace endeudarse. Por otro lado, la facilidad de adelantar el futuro por no haber previsto su nuevo presente, o por querer vivir un gusto, les lleva a tomar el dinero de otros [el que piensan obtener en unos meses] para comprar algo que aún no se han ganado.
La supuesta presión social hace que vivamos pagando intereses, reduciendo nuestro poder de adquisición. Digo supuesta porque la sociedad somos nosotros y somos los que determinamos si hacemos algo o no. Endeudarse para obtener algo es pagar de más, sólo por no esperar o disponernos a ahorrar lo que pagaríamos de cuota. La vida no es tan corta como muchos la perciben, ni tan larga para sufrirla por habernos endeudado.
Deudas inteligentes: Cuando alguien paga por nuestras deudas nos está dando a ganar. Existen negocios que son buenos, pero nunca avanzan más de ahí porque sus dueños no tienen el capital para hacerlos crecer. Tomar el capital de otros y ponerlo a trabajar para nosotros es una decisión inteligente. Lo importante es tener el riesgo medido; no es que no exista, es saber lo que se está haciendo y tener un plan bien elaborado. Los emprendedores necesitan capital, pero también otras herramientas que hagan de su idea un buen negocio. No se quiebra por pedir prestado, sino por no hacer bien el negocio.
Deudas superinteligentes: Cuando tomamos dinero de otros y lo ponemos a trabajar para nosotros [sin nosotros tener que trabajar para él], hablo de una deuda que la paga otro y además una parte se convierte en ahorro. El método lo detallo en mi libro Arco Iris Financiero. Un ejemplo es la compra de una vivienda para alquiler. Si hacemos bien la operación cada mes, el inquilino paga una parte de intereses y una parte de capital, que es nuestro ahorro.
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