5 hábitos de las personas más resilientes
Durante este tiempo de confinamiento, en el que una de nuestras metas es mantenernos sanos y activos físicamente, la psicóloga y psicoterapeuta Ana Aizpún recomienda trabajar un aspecto de nosotros mismos al máximo: nuestra resiliencia
Desde el comienzo de la actual crisis, aun sin saber muy bien a qué nos enfrentábamos ni durante cuánto tiempo tendríamos que hacerlo, los profesionales del campo de la salud mental nos lanzamos a ofrecer herramientas. Digo que no sabíamos qué esperar, puesto que esta crisis sanitaria es nueva para todos. Lo que sí sabíamos era que ante un shock tan fuerte, que supone un cambio de vida total de un día para otro, lo primero, antes de nada, es estabilizarnos.
Somos criaturas rítmicas y necesitamos cierta rutina y estructura para funcionar medianamente bien. Por eso, el énfasis se puso desde los colectivos profesionales en transmitir a la población que debía establecer y cuidar sus rutinas, el sueño, la alimentación y el ejercicio físico e intelectual. Sin estos mínimos, sabíamos que era difícil la adaptación.
Pasadas ya muchas semanas, vamos adentrándonos en otro terreno más profundo y rico. Empezamos a pensar en el futuro. ¿Cómo será el mundo cuando salgamos? ¿A qué tendremos que enfrentarnos? ¿Quién sabrá adaptarse y quién se quedará atrás?
Engordemos nuestra resiliencia
Durante este tiempo de confinamiento, en el que una de nuestras metas es mantenernos sanos y activos físicamente (y de paso no engordar mucho...), hay un aspecto de nosotros mismos que debemos tratar de engordar al máximo: nuestra resiliencia.
La resiliencia es la capacidad que tenemos las personas, las comunidades o incluso los países para sobreponernos tras la vivencia de una crisis o una situación traumática. Esta capacidad está en todos y cada uno de nosotros, pero no en todos en el mismo grado.
La experiencia de que a lo largo de la historia y tras situaciones terribles hay personas que son capaces de seguir funcionando de manera no sólo exitosa si no muy funcional ha intrigado a psicólogos y psiquiatras durante décadas. El foco de las investigaciones en torno al concepto de resiliencia ha buscado responder a las siguientes preguntas:
¿Por qué personas sometidas a niveles equiparables de adversidad responden de maneras tan diferentes? ¿Qué hacen algunas personas para conseguir adaptarse y recomponerse después de vivir situaciones traumáticas mientras que otras parecen quedarse estancadas?
En este artículo voy a resumir 5 de las principales conclusiones a las que ha llegado la ciencia. Las escribo porque ayudarán a quien quiera probarlos, son hábitos y formas de afrontamiento al alcance de todos. También las escribo porque me ayudarán a mí. Como dice el viejo refrán: en tiempos de pandemia mundial desconocida, poner el foco en lo que uno puede hacer para estar mejor preparado es tan importante como lavarse las manos o usar mascarilla.
Hábitos de las personas resilientes
1. Aceptan que la vida es dura: Saben que el sufrimiento es parte de la vida. Cuentan con que es posible y probable que en su vida tengan que enfrentarse a él. No se creen con derecho a no vivirlo y, si ocurre, no se dejan llevar por el victimismo, al menos durante mucho tiempo. No es que busquen sufrir ni se trata de una reacción forzada, pero son capaces de una manera relativamente rápida de aceptar lo que hay y adaptarse a ello. Pasan del ¿por qué a mí? al ¿por qué no a mí?
2. Son exigentes con respecto a dónde ponen su atención: Aceptar que uno no es intocable, ni especial hace que sea más fácil vivir con actitud de agradecimiento. Vivir con la comprensión existencial de que la vida es bonita y dura a la vez, permite sintonizar con el agradecimiento por lo bueno que uno tiene. Las personas resilientes desarrollan así un optimismo sano y profundo. Un optimismo que no se ancla en el “todo va a ir bien”, sino que lo hace en el “a veces las cosas irán mal, pero siempre hay algo en lo que yo puedo influir y mejorar”. Para esto hay que tener una cierta conciencia de dónde está nuestra atención a lo largo del camino. Sabemos que hay dos direcciones que ayudan especialmente:
a. Las personas resilientes ponen el foco en aquello que pueden controlar: Si hay algo que nos ha arrebatado esta crisis es la sensación de control sobre nuestra vida. No decidimos cuándo salimos de casa o a dónde vamos. No podemos trabajar como querríamos y no sabemos cuándo volveremos a una cierta normalidad. Las personas más resilientes pondrán su atención en lo que sí pueden controlar: cómo manejan su tiempo, qué leen, qué comen, qué hacen con su cuerpo, qué iniciativas pueden poner en marcha, etc.
b. Se sintonizan con lo positivo que hay en sus vidas: procuran ser muy conscientes de aquello que va bien en sus vidas. No niegan lo negativo pero se esfuerzan en detenerse más en lo positivo. Lo más relevante es que a veces esto no les sale automáticamente. Se trata de un ejercicio intencional y constante que requiere de cierta voluntad.
3. ¿Esto me hace bien o me está haciendo daño? Las personas resilientes son muy buenas haciéndose y contestando a esta pregunta. De hecho, las investigaciones sugieren que las personas más resilientes se hacen esta pregunta muchas veces a lo largo del día: esta manera de pensar, ¿me tranquiliza o me angustia?; leer este periódico cada diez minutos, ¿me ayuda a sentirme más informado o me llena la cabeza de malas noticias y me entristece?; estar todo el día tirada en el sofá, ¿me hace sentirme bien o me lleva a la dejadez?; mirar redes sociales en cada segundo libre que tengo ¿me hace sentir bien con mi vida o me lleva a compararme? Una vez que se han hecho estas preguntas, las personas resilientes son firmes en la respuesta que les dan. Si no les ayuda, no lo hacen. Si les ayuda, lo hacen más. A esto los psicólogos lo llamamos capacidad de auto-regulación. Parece muy sencillo, pero pruébalo.
4. Recuerdan su pasado y se fían de su historia. Sin duda la actual crisis de la pandemia COVID-19 es una situación sin precedentes en el tiempo vital de la mayoría de nosotros. No hay nada con lo que podamos comparar. Pero cada uno de nosotros tenemos seguro experiencias de superación pasadas. Las personas resilientes son capaces de recordar de manera más o menos intencional esas situaciones de éxito y usarlas como gasolina para la crisis que afrontan. Ante la incertidumbre abismal que afrontamos, podemos basarnos en nuestra historia, en lo que hemos vivido. ¿Ha ido bien? ¿Tuviste recursos? Pues confía.
5. Viven la vida con un sentido de trascendencia. Las personas resilientes buscan darle un significado a su vida que vaya más allá de ellas. Dedican su energía a algún fin que vaya más allá de sí mismos. Para algunos esto tendrá que ver con la fe, para otros con una vocación, con un ideal o con un proyecto. A través de una pasión, o vocación, aparece el deseo de seguir y con él la vida.
Estos hábitos están al alcance de todos. Recordarlos estos días y ejercitarlos, pueden sacarnos de ésta en mejores condiciones. Sea lo que sea lo que tengamos que afrontar.