¡A correr se ha dicho!

Los pajesitos son un arma de doble filo: adorables, pero incontrolables. Mientras esta pareja pronunciaba sus votos (uno de los momentos más emotivos de una boda) la pequeña que llevaba las flores cruzó corriendo en el fondo. Detrás, un adulto la perseguía. Al final, se convirtió en la parte más graciosa de toda la ceremonia ¡Ni el sacerdote pudo contener la risa!