Alegoría marina en Juan Dolio

A ocho pisos de la Playa Juan Dolio, a este apartamento le fue conferido un sutil toque de mar...

Aunque el Mar Caribe es el verdadero protagonista de esta terraza, Michelle Urtecho supo ambientarla al implementar tonos rojos, blancos y marrones oscuros, a través de las butacas, los cojines, los artículos decorativos y los adornos de pared.

La idea de Urtecho no era, en absoluto, contender con 750 metros lineales de playa ni con el cielo más azul que háyase visto jamás. Su objetivo radicaba en que el interior atrajese al exterior, para integrar la naturaleza a este espacio.

Al ingresar al apartamento, y desde todos los ángulos posibles, el mar es el protagonista principal. Desde el pasillo, la sala, el comedor, la cocina y, por supuesto, desde la terraza -como espectadora de primera fila-, se disfruta de la panorámica vista de la playa de Juan Dolio.

 

De ese modo, la diseñadora, tomando en cuenta todos esos aspectos a desarrollar, inició su proyecto con el pasillo. Este representaba la dificultad de ser muy alargo y de que había que “acortarlo” visualmente. Para tales fines, Urtecho seleccionó una paleta de tonalidades blancas, bronces y plateadas, con el objetivo de no entrar en disputa con la sala, la terraza y el mar, visibles al fondo. Allí también eligió un papel tapiz vinilizado (y fácil de limpiar), que emula sútilmente pequeños caracoles, dentro de un ambiente que evoca a la espuma del mar por medio al brillante empapelado; junto al mismo, unas piezas de arte adosadas a la pared destacan su tridimensionalidad, a través de varias luces halógenas, que resaltan sus luces y sombras. A la izquierda del pasillo, la forma en que colocaron los espejos interrumpe la perspectiva a propósito, para “acortar” la percepción de este pasaje.

Una vez en la sala-comedor se aprecia la estratégica ubicación del mobiliario de cara al exterior, que hace de este un espacio más relajante. “Disponer de este espacio óptimamente fue todo un reto, porque implicaba habilitar un espacio compartido que se comunica con todas las estancias sociales. Había una cuestión básica de circulación, sin olvidar la importancia de la panorámica exterior”, afirma Urtecho.

Los dueños del apartamento también deseaban ubicar la televisión en el estar y situarle enfrente un sofá cómodo, pero no muy grande por el tema del flujo. Así se encontró el mueble ideal: ligero y confortable, que a pesar de ser blanco, no representa un obstáculo que impida la viabilidad de su mantenimiento, pues para la diseñadora de interiores este punto es sumamente importante a la hora de amueblar una residencia de playa.

Mientras, en un rincón del comedor, un mueble bar (diseñado por la propia Michelle, al igual que la mayoría del mobiliario de este apartamento) alberga una nevera de vinos y un tope que sirve para la preparación de los tragos y cocteles. Anexo está el juego de comedor, concebido originalmente para ocho personas, es desplegable a su vez, y puede adaptarse a un mayor número de comensales de ser necesario.

El desayunador de la cocina también funge como ente divisorio entre esta y el comedor, prestando su encimera como apoyo adicional para el disfrute de la comida. En esta área, Michelle prefirió usar taburetes con un pequeño espaldar, que no obstruyen la visual y la circulación entre ambas estancias.

 

La idea de combinar los colores tierras con el aqua, siguiendo como referente la línea cromática del mar, insinúa la inserción del ambiente playero en este dormitorio, pero sin predictibilidad alguna; el diseño de los cojines, que emulan las algas marinas, son un ejemplo de ello.

Sin embargo, en la habitación de la adolescente priman el amarillo, el rojo y el blanco, en franca alegoría a los rayos solares; el verde y el fucsia también se ponen presentes en este espacio, aunque en menor medida, invitando grácilmente a la naturaleza a ingresar en este lugar. Las dos camas, que se muestran en colores mixtos, cuentan con edredones reversibles en algodón peinado, y están unidas por un espaldar común. Justo al lado, hay un pequeño tocador con un espejo redondo, donde varias bandas elásticas sirven como portafotos, matizando con simplicidad a ese rincón del dormitorio.

En la habitación del mozalbete de la casa, se implementó una fusión del blanco, el verde y el marrón; el uso de este último tono fue a petición del usuario, quien exigió su uso en una de las paredes, cosa que Michelle aprovechó para darle mayor profundidad al cuarto. Allí se asientan dos camarotes, cuyas partes inferiores están copadas por camas A la larga, Michelle Urtecho se salió con la suya: si bien no logró competir con la rica naturaleza del entorno, sí la trasladó al interior del apartamento, haciendo de éste un sutil tributo al mar, a través de cada uno de sus elementos…