Bajo un palmar en Casa de Campo

De cara a la Isla Saona, Bayahibe y el Mar Caribe, esta villa goza de una excelente ubicación.

Esta majestuosa lámpara (de 36 cubos geométricos) fue mandada a fabricar, bajo el diseño y la supervisión de su propietario y de la diseñadora de interiores Miguelina Zimmermann de Martínez, y pende de un techo con 7 metros de altura.

Diseñar la estructura de esta villa de Casa de Campo  

 

Y es que, desde la entrada de esta villa, de donde se observan sin interrupciones el módulo central de la casa, la piscina y hasta el campo de golf Dye Fore, se aprecian los revestimientos naturales exhibidos a lo largo y ancho de los paramentos frontales, incluyendo los adyacentes a la marquesina techada y al pasillo -provisto de techos auto portantes repletos de triangulaciones y de vigas enmaderadas transversales y ornamentales-, ambos conducentes al umbral. Estas paredes de la fachada se visten de piedra, aligerando un poco el concreto; algunas están barnizadas y tapizan una cascada artificial, contrastando con las tonalidades de las que no están, embelleciendo así el exterior. 

 

Bajo un encumbrado techo a dos aguas, del cual pende una espectacular lámpara -compuesta por 36 cubos- sobre la sala principal, este salón exhibe una mezcla de estilos, donde se combina lo oriental, con piezas clásicas y rústicas, sin dejar de lado la ornamentación contemporánea. En el comedor, al igual que en el resto de las áreas sociales, se hace más que evidente la integración de la naturaleza, a través de curiosos arreglos de plantas y flores; allí, también se observa una lámpara (en consonancia con la de la sala) y la colocación de tres jarrones idénticos, sobre la mesa central para 12 comensales, como toques que le aportan sutilidad y elegancia a la formal estancia.

 

 

Sin embargo, son el orgullo del anfitrión de esta propiedad: la piscina, que fue llevada hasta el fondo del patio, aprovechando al campo de golf como espacio visual ulterior; el jacuzzi, donde el agua cae en cascada hacia la piscina; y el asadero, que es ampliamente disfrutado junto a sus familiares y amigos. No obstante, son los tesoros más admirados por el dueño y diseñador de esta villa: las vistas de Bayahibe, de la Isla Saona y del Mar Caribe, en el horizonte; y con esto sí que no juega ni aun estando frente a un terreno de juego...

@olgaagustin