Por qué debemos restringir el uso de aparatos electrónicos a nuestros hijos
La pediatra neonatóloga Lourmileiny Gil explica por qué los padres deben enseñar a los niños a utilizar de forma limitada y consciente la tecnología, pero no sustituir una cosa por otra
En medio de la pandemia del COVID-19 nos encontramos ahora más expuestos a un mundo dominado por las pantallas y la conectividad digital, por eso es importante que tratemos de incentivar el uso responsable e inteligente de la tecnología, ya que el uso prolongado de estos aparatos genera adicción en los niños de cualquier edad, lo que produce un impacto que puede llegar a afectar el desarrollo neurológico.
Existen estudios que revelan un porcentaje elevado de niños que han aprendido a leer y a escribir por medio de estos mecanismos, pero no estoy de acuerdo en su totalidad; es aconsejable recurrir al método de aprendizaje tradicional, ya que al escribir, el cerebro hace un trabajo de recordación de las letras, de su morfología exacta y de cómo alinearlas.
Los padres deben tener en cuenta que desde pequeños hay que enseñar a los niños a utilizar de forma limitada y consciente la tecnología, pero no sustituir una cosa por otra.
“Cada cosa tiene su momento. La etapa del niño es fundamental para su desarrollo. Es necesario restringir el máximo tiempo posible y volver a los teatros, los libros, la comunicación verbal. Cuando los pequeños se conectan a estos dispositivos reciben estímulos más luminosos y rápidos de lo que realmente es la vida real, su cerebro se desarrolla en función a esto, lo que genera una necesidad de vivir en un ritmo frenético. Una de las consecuencias de esto, son los problemas de atención porque el día a día no se da a ese ritmo”, explica la doctora Lourmileiny Gil, pediatra neonatóloga e intensivista neonatal.
Además de su desarrollo cerebral, el uso prolongado de los celulares y tabletas hace que los niños sufran de obesidad, depresión, agresividad y trastornos en el comportamiento, patrones de sueño irregulares, dificultades para poner atención o concentrarse, y hace más lento el desarrollo social y del lenguaje, entre otras cosas.
Por tal razón, en noviembre pasado, la Asociación Estadounidense de Pediatría (AAP, por sus siglas en inglés) levantó la recomendación de cero uso de esta tecnología los primeros dos años de vida y aconsejó no usarla los primeros 18 meses de vida, pero a partir de ese entonces, puede introducirse poco a poco la tecnología en la rutina de los pequeños. Si se le da el acompañamiento necesario por parte de un adulto, si se escoge bien lo que ese niño va a ver, oír o interactuar con el dispositivo y se limita el tiempo de uso, puede ser una herramienta importante de aprendizaje y desarrollo a partir de los 18 meses.
“Si sabemos utilizar bien esta tecnología, podemos tener niños con habilidades en zonas cerebrales que antes se desarrollaban más tarde (especialmente las relacionadas con motora fina) y hacer que los niños crezcan con habilidades para utilizar estos dispositivos. La especialista finaliza puntualizando que los aparatos electrónicos son “herramientas de aprendizaje y no de entretenimiento”.
¿Qué tal si en este tiempo animamos a los niños a probar nuevos alimentos, a conectarse con lo natural, a ser parte de la mesa familiar y la cocina?
La doctora Lourmileiny Gil es pediatra neonatóloga e intensivista neonatal, puede seguirla en sus redes @pediatralulygil
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