Una luz para el desarrollo

Rubén García y Alberto Plá insistieron en que la República Dominicana es un país con potencial, oportunidades y que, en general, lo tiene todo. Las palabras no les fueron suficientes y decidieron demostrarlo por medio de una exposición fotográfica y un video documental. Esa es la idea que engloba su proyecto “Un sol para dominicana”, una muestra del trabajo que realiza la Fundación Solidaridad Calasancia en el país.

Fundación SOLCA

“Educa al niño de hoy y no castigarás al hombre de mañana”, dijo Pitágoras hace más de quinientos años. Para el siglo XXI, esta frase le sirve a Rubén García, director ejecutivo de la Fundación Solidaridad Calasancia [SOLCA] Dominicana, de motor para poner en marcha los proyectos educativos, culturales y sanitarios que desde 2008 benefician a un aproximado de siete mil niños, niñas y adolescentes dominicanos y de escasos recursos, cada año.

La organización trabaja con un voluntariado local que deposita todo su esfuerzo para apoyar a los jóvenes que viven en La Puya de Arroyo Hondo y La Romana con programas de aprendizaje en lectura, campamentos en valores deportivos, artísticos y culturales; además, les brindan capacitación técnica y programas de salud que se encuentran en los centros instalados en estas comunidades.

“En los centros culturales Calasanz se les da (a los NNA) educación no formal en un montón de áreas con la que buscamos completar su educación integral”, explica García tras resaltar que SOLCA es un proyecto que promueve el carisma e ideología de San José de Calasanz.

Este puede ser el inicio de un cambio positivo para la sociedad dominicana, pues, el respaldo se dispone a la necesidad de cualquier niño, niña o adolescente que se acerque a los centros pastorales, con el único objetivo de la fundación por aumentar el grado de salud y educación de las áreas que trabaja.

Es que para Rubén, la República Dominicana es un país “que tiene un montón de recursos, pero, a veces mal distribuidos o mal desarrollados”, y para dar constancia a ello, se apoya de un programa de amigos solidarios [personas que aportan con una periodicidad a la fundación] empresas que quieran colaborar [las que apadrinan ciertos proyectos] y de campañas específicas para destinarlos a proporcionar una mejor calidad de vida a las personas por medio de la educación en la infancia.

De hecho, para convencer a todos los dominicanos de que el progreso del país es posible, SOLCA, en coordinación con Alberto Pla, fotógrafo, proponen “Un sol para dominicana”: iniciativa que busca dar a conocer los resultados positivos de los proyectos de la fundación a través de una exposición fotográfica y la proyección de un documental.

Un sol para Dominicana

“Un sol para dominicana surge de la necesidad de la fundación SOLCA por informar mejor el trabajo que estamos haciendo”, comenta Rubén, justo antes de darle la palabra a Alberto Plá, con quien se puso en contacto para llevar a cabo la producción cinematográfica del proyecto.

Plá es un fotógrafo español nacido en Valencia, quien desde 2004 enfoca sus producciones en la protección de los derechos infantiles en países como India, Mozambique, Eslovaquia y Haití. Luego de cinco meses de pre-producción viene a la República Dominicana para desarrollar obras audiovisuales apegadas a la misma temática.

Esos días en el país le hicieron percibir un ambiente de muchas desigualdades. “Nos encontramos con un Punta Cana con gente de mucho dinero y oportunidades, con zonas muy bonitas; pero también con unas muy dañadas por la pobreza”, ejemplifica. Es entonces como el experto en obras visuales despega con la idea de que el sol puede irradiar a todos por igual y que todos pueden tener las mismas oportunidades.

El documental será de tipo narrativo y lo constituirán cuatro episodios. Los dos primeros se centrarán en la educación, el tercero en la salud y el cuarto en los deportes. De esa forma, la saga se transmitirá por televisión de manera individual en un formato de cuatro o cinco minutos, pero luego se unirán en un largo-documental entre 30 y 45 minutos con las historias entremezcladas.

Aunque la parte positiva no sea la realidad, el producto audiovisual procura transmitir un mensaje a través de aquellos niños, niñas y adolescentes quienes, a pesar de vivir en una casa de zinc y otras precariedades, pueden exponer una sonrisa. “Yo diría que hace falta sensibilización”, dice Alberto, pero, seguro que cuando el público dominicano asista a la exposición de fotos y vea el documental, esa frase dejaría de tener el mismo peso.

Una anécdota del director

Me llamó la atención la situación en que viven estas personas. Por ejemplo, en Cumayasa –me pareció como aquellas películas de vaquero donde pasan esas bolas de paja– hay gente a quienes su familia las abandonó porque no pudieron atenderlas y les dejan a su suerte en medio de cualquier enfermedad, sin embargo, otras personas, en su misma situación de pobreza, les ayudan a suministrarse de medicamentos y atención primaria. No son personas que están en una situación económica ‘mejor’, sino que entre sus iguales consiguen ayudarles. Y yo quise contar eso.