Una pasarela verde en Santiago

Este jardín santiaguero prodiga una envidiable vista hacia Jacagua y el pico Diego de Ocampo.

Y es que, cuando ella llegó a este terreno “era totalmente virgen, nunca se había construido en él; y se trataba de pura maleza, donde sólo se veía una palma (que todavía está ahí)”.

 

 

En estos 500 metros cuadrados de extensión es palpable ver cómo se hereda el amor por la naturaleza –uno de los rasgos que le transmitió su padre a la anfitriona, quien le enseñó a conocer, a sembrar y a cuidar las plantas-.

Desde trinitarias blancas, rosas o moradas, pasando por las bromelias, sin olvidar a los anturios, laureles, palmas u orquídeas… Son estas especies vegetales y florales las que acompañan a un impecable césped en el que todavía se debaten la realización de las sesiones y desfiles de decenas de fotógrafos, modelos y diseñadores, que esperan ansiosos por obtener un permiso.

Es posible que las labores altruistas de la dueña del jardín sean tan loables que logren concitar la atención del público para que allí se efectúen todo tipo de actividades sin fines de lucro, pero lo que sí es seguro es que se trata de un espacio que atrae per se la presencia de amigos y curiosos. No en vano, le ha granjeado fama a su propietaria de ser una de las tías más prolíficas de Santiago, pues cada vez que una joven vestida de novia o de quinceañera se apersona a su jardín, todo el mundo se pregunta: “¿Será otra de sus sobrinas?”.

@olga agustin