El valor del fracaso

Hace un tiempo escribí una columna que llevaba por título “Rescatando el rechazo”, y en ella expresaba lo poderoso que es asumir los rechazos de otros como un proceso natural de aprendizaje para ser un individuo más libre.

Hoy escribo sobre el fracaso, que nos proporciona algo que ninguna otra experiencia de vida puede darnos, se trata de aprender lo que necesitamos saber.

En sociedades como la nuestra fracasar es ‘El pecado capital’. Fracasar es perder y nadie quiere asumirse hoy en día como perderdor. Siempre recuerdo la famosa canción de Beck de 1994 “I’m a loser baby so why don’t you kill me?” [“soy un perdedor porque no me matas”]. A pesar de que Beck ha dicho que esta estrofa surgió por su poca habilidad como ‘rapero’ lo cierto es que la canción fue la sátira a la estigmatizada cultura ‘slacker’ [vaga] de la Generación X frente a “la casta exitosa de Wall Street”. Una cosa es no formar parte de lo que la sociedad ha entendido como ‘éxito’ y otra muy diferente es el fracaso.

¿Es una persona fracasada quien tiene la ética suficiente para vivir del sueldo que gana negándose a incrementarlo a través de acciones corruptas, fraudes, estafas, robos que tarde o temprano afectaran a otros?

¿Es una persona fracasada, el que vive financiado, endeudado para educar a sus hijos y se quita el pan de la boca para sanar al anciano padre y al bebé recién nacido?

¿Es una persona fracasada quien para poder lograr sus sueños atraviesa el ridículo ante la burla de que aquellos que se creen superiores al resto, pero no descansa hasta lograr que su propósito?

¿Es una persona fracasada aquella que tiene el amor propio necesario para preferir su soledad a conformarse con menos de lo que merece, sólo por decir que tiene pareja? ¿Ese que no vive una mentira, únicamente por alimentar una imagen irreal de ‘éxito familiar’ bajo una profunda infelicidad?

¿Es una persona fracasada quien busca algo verdadero entre tanta mentira?

¿Es una persona fracasada quien de manera consciente se retira de la ‘competencia’ y busca su felicidad?

¿Es una persona fracasada quien un día borracho le canta todas sus hipocresías y sus mañas a los que se creen dueños de la moral y la verdad absoluta y en vez de manos para ayudar sólo tienen dedos para discriminar, excluir y culpar?

¿Es una persona fracasada quien logra arroparse hasta donde le dan las sábanas y no le interesa impresionar a los demás?

¿Es una persona fracasada, quien ve el dinero como una consecuencia del trabajo y no como un valor para medir quién entra en su vida y quién no?

¿Es una persona fracasada quien se ama lo suficiente para vivir bajo sus propias reglas y bajo su propio criterio de éxito?

¿Es una persona fracasada aquella a quien aún le duele pronunciar el nombre de ‘esa’ persona? ¿Sentir es un fracaso?

Perder o fracasar es una ingeniosa manera de la vida para hacernos voltear la vista hacia algo que dejamos de ponerle atención en el camino: nuestra alma, nuestro espíritu, nuestra esencia... y reencontrarnos con nosotros mismos sin nuestro ego o vanidad presentes. Fracasar es aprender aquello que verdaderamente será útil para disfrutar la vida, porque sólo cuando perdemos comprendemos el valor de lo que hemos ganado alguna vez. ¡Namasté!