Meryl Streep: “Filmar una película así ya es un gran premio”

Recorriendo más de 10,000 kilómetros desde EEUU hasta Japón, Meryl Streep tuvo el honor de inaugurar el prestigioso Festival Internacional de Cine en Tokio con ‘Florence Foster Jenkins’, lanzando al mismo tiempo una nueva campaña al Oscar, donde podría marcar el récord de su 20ª nominación como actriz. Detrás de esa misma alfombra roja pudimos entrevistarla personalmente. Y no es cualquier entrevista. Solo alguien como Meryl Streep puede transformar cada respuesta en la mejor anécdota histórica, hablando de su familia o ideales políticos, sus comienzos en el teatro, destacando también el difícil rol de la mujer a lo largo de la historia. Una historia donde ella también es la mejor protagonista.

¿Se acuerda con claridad de la primera vez que reconocieron su trabajo como actriz con un premio o el mejor aplauso?

El primer momento que cruza por mi mente es cuando tenía 15 años. Me habían elegido para la producción de teatro ‘The Music Man’ y yo tenía el rol de Marian, la bibliotecaria. Nunca antes había subido a un escenario. La sala estaba llena, todos los padres en las primeras filas y la orquesta empezó a tocar. Al final, todos se pararon a aplaudir, en una época donde nadie solía hacerlo. Hoy en día lo hacen todo el tiempo. Pero en Nueva Jersey los aplausos eran por pura amabilidad, nada extraordinario. Y yo sentí esa ola que me inundaba de energía. Se sentía muy bien en la piel. Fue algo completamente inesperado.

¿Y todo lo contrario? ¿Cuándo fue la primera vez que sufrió cierto castigo del público a nivel profesional?

Después, cuando hice una obra de teatro en Nueva York llamada ‘Trelawny of the Wells’. En las primeras funciones la gente se reía, se notaba que les había encantado y lo pasaba bien, hasta que John Simon, un crítico de la revista New York, nos aplastó con sus comentarios. Después, el público cambió por completo, se quedaba en silencio solo porque alguien les había dicho cómo tenían que sentirse. La diferencia era notable. Ahí es cuando empecé a odiar a los críticos (Risas).

¿Pero al menos lee las críticas de sus trabajos?

No, pero ese día lo hice. En la época en que hacía teatro en Nueva York solamente había tres críticos que importaban realmente: Clive Barnes, John Simons y Mel Gussow. Ese era el orden. Y el sentimiento es terrible, por la ansiedad de querer ir a comprar los diarios. Esa era la vieja escuela. Había que comprar el diario temprano por la mañana para saber lo que opinaban de nuestro trabajo y a mí siempre me dio náuseas.

¿Qué tan buena es usted criticando a la gente? Como madre, por ejemplo, ¿le parece bien apoyar a los hijos aunque sepa que no sean buenos en lo que hacen?

Depende de si crees que tu hijo ama algo con pasión... Ahí es cuando duelen las espinas. A los tres años, mi hijo trataba de tocar el piano porque mi esposo toca muy bien y yo sé un poco. Por eso propuse que tomara algunas clases cuando cumplió los ocho. Y le conseguimos un profesor que no era tan bueno. Después tuvo otro que tampoco era mejor. Y un gran maestro es la clave, porque uno malo puede apagar la pasión de cualquiera. Y mi hijo perdió todo el interés, él mismo nos pidió que por favor termináramos con las lecciones de piano. Hoy, mi hijo tiene 35 años y es músico, pero aprendió solo después en la vida. Él se preocupó por aprender sin ayuda.

¿Quién es más exigente como padre a puertas cerradas? ¿Usted o su esposo?

En mi casa es así: yo soy la policía mala y después está el papá. Mi esposo dijo que lo dejáramos abandonar las clases. Supongo que hice bien, pero no puedo dejar de pensar lo que hubiera pasado si hubiese seguido estudiando música... A veces, tenemos que hacer que nuestros hijos hagan algo que no quieren porque es bueno para ellos.

¿Qué opina del hecho de tener a Hillary Clinton como la primera Presidente mujer de EEUU?

Conozco a mucha gente que sabe muy poco sobre la historia de las mujeres en nuestro país... Sabemos quién es el primer traidor de la patria, Benedict Arnold, pero no quién fue la primera mujer que se puso ropa de hombre para servir a su patria en el ejército. Y es increíble la m... que tuvo que soportar Hillary Clinton en los últimos 30 años. Dedicó toda su vida al activismo político, desde que tomó un año extra en Yale, para trabajar en el Child Study Center para tratar de identificar las violaciones infantiles. Bill (Clinton) ya estaba enamorado de ella y quería llevársela a Arkansas pero ella decidió irse a Carolina del Sur. Con 25 años organizó todo un programa para niños discapacitados porque la gente escondía a sus hijos en casa, no los educaba. Y ella nunca paró. Es como si hubiese vivido toda una historia secreta.

¿Qué otras historias escondidas sabe de ella?

Yo tengo mi propia historia con ella, con ‘Women in the World’, ‘Voces Vitales’ y otros programas. He conocido a muchos activistas en el mundo que me han dicho que ella les salvó la vida. Tuvo una sombra diplomática completa como Secretaria de Estado. Nadie sabe que incluyó en su agenda a países como Guatemala, donde se aseguraba de establecer una cita con el Presidente, pero antes se encontraba con grupos de mujeres activistas que estaban amenazadas. Existe un miembro del congreso guatemalteco, Annabella De León, que tenía nueve guardaespaldas porque luchaba contra la corrupción y demasiada gente quería asesinarla. Cuando Hillary llegó, primero se encontró con ella. Yo hablé después con Annabella De León y me dijo: “Hillary Clinton salvó mi vida. Me hizo demasiado importante para ser asesinada”. Nadie lo sabe porque Hillary no busca el crédito. Le enseñaron a no hacer públicos sus logros y a no defenderse.

¿Le entusiasma la idea de poder llegar a tener una 20ª nominación al Oscar con ‘Florence Foster Jenkins’?

Del Oscar no sé nada, pero filmar una película así ya es un buen premio. Recuerdo cuando iba a clases de drama en Yale y la gente se pasaba un cassette con su música. Era gente que tocaba música de Purcell en la orquesta, estudiantes de Yale que durante la hora del almuerzo se reían de ella. Nosotros no entendíamos por qué, hasta que la escuchamos cantar. La mayoría de estos estudiantes la conoce muy bien.

Era una época donde tampoco era usual que una mujer tuviera éxito profesional...

El guion es una obra maestra en ese sentido. Pudo haberla puesto en ridículo y en diferentes niveles lo es. Pero era una época en que la mujer no podía tener una carrera, solo interesaba lo que hacía tu esposo. Los hombres hacían el dinero y las mujeres ricas se dedicaban a hacer el bien en la sociedad. Ella había heredado dinero de su padre y apoyó las funciones del Carnegie Hall. Toscanini se la pasaba rogándole por dinero. Y ella lo regalaba. Conozco a grandes patrocinadores del arte que, secretamente, aman estar encima de un escenario pero firman cheques para financiar su pasión. Y lo hacen por amor. Por eso me emociona tanto Florence, me parece tonta pero la amo, más allá de lo bien o mal que cantaba.

Y sabiendo que usted realmente canta bien, ¿fue difícil cantar tan mal como Florence Foster Jenkins?

Fue interesante porque era muy específica la forma en que se equivocaba. No lo hacía a propósito. Yo también aprendí a cantar ópera tan bien como pude, que no es tan bien (Risas). Las cantantes de ópera como Renée Fleming o Audra McDonald son amigas mías. Sé muy bien el lugar que ocupo. Y la voz de Florence era muy específica, se puede escuchar hasta su respiración en las grabaciones. Parecía que podía lograrlo. No importa lo mala que era, sino lo buena que era. Y yo me identifico en ese sentido.

Fotos: Romar Media, TIFF y Getty Images