Descubriendo a Johanna Ortiz
De vez en cuando, el agujero negro que es Instagram lleva a buenos lugares. Hace un par de meses, no recuerdo cómo, llegué a una foto de una mujer usando un sombrero vueltiao, una pieza que tradicionalmente se hace de caña en Colombia, pero reinterpretado con toques elegantes; aparte, la modelo llevaba un vestido camisero con un cuello geométrico abierto, cuidadosamente al descuido, que me dejó boquiabierta.
Hacía mucho tiempo que un diseñador de modas no me dejaba impresionada desde la primera vista. Investigué, y pronto entendí la razón de mi sorpresa: la mente detrás de estas piezas era una colombiana que, desde hace unos años, ha estado traduciendo el folclor latinoamericano a piezas de alta moda utilizando el humor, con apego a la geometría y respeto a la figura femenina. Pongámoslo de esta manera: la diseñadora Johanna Ortiz bien podría ser la Marc Jacobs latinoamericana. Yo no había sido la primera en darme cuenta de su talento, claro: Ortiz ya ha exhibido sus piezas en las páginas de varias ediciones globales de Vogue, y sus colecciones se han destacado en ColombiaModa. Tiene, aparte, otro gran sello de aprobación: sus piezas están a
la venta en Moda Operandi, una tienda en línea que aparte de realizar un trabajo de ventas sirve de curador —la selección de su mercancía es meticulosa, sacada de entre los mejores diseñadores establecidos y de vanguardia en el mundo—
Fue ahí, en Moda Operandi, donde realmente no pude quitarme la sonrisa de la cara: en su colección Resort 2015 Johanna no solo explora las tradiciones de los tejidos andinos, con bordados hechos totalmente a mano sobre vestidos, faldas y blusas impecablemente confeccionados, sino que también trabaja con su interpretación de los patrones florales que tanto amamos las latinoamericanas, y rejuega con combinaciones de lo geométrico y lo curvo en cada uno de sus patrones, creando nuevas siluetas para los escotes y repensando las formas de amarrarse una falda o una camisa, haciendo que una salida se convierta en un vestido de cóctel —lo de la salida, por cierto, no es algo al azar: Ortiz comenzó su carrera como diseñadora de trajes de baño; de ahí que conozca la importancia de abrazar correctamente la cintura, la cadera y el busto—.
Tenía que ver esas piezas en persona. Por eso, durante un viaje reciente a Bogotá, visitar su tienda era una de mis prioridades primordiales. Ahí pude constatar que la terminación de sus confecciones es verdaderamente exquisita, y que sus piezas fueron pensadas para favorecer las curvas que imperan en nuestra región. Salí con una versión del vestido camisero que había visto en Instagram —una pieza tremendamente versátil, que puede usarse sola, con un cinturón del mismo tejido, o como blusa— y una falda negra estilo tulipán geométrico. Al combinar estas dos piezas, el remanente de tela del vestido que sobresale en la falda termina creando un look elegante que a la vez es divertido. Esa es la combinación que logra Johanna Ortiz: una elegancia divertida.
Anoten ese nombre. Creo firmemente que estamos ante una de las lumbreras de la moda contemporánea latinoamericana, y que pronto estaremos escuchando mucho sobre ella no solo por estos lares, sino también en el mercado estadounidense y en el europeo.
El Fondo de la OTAN reclama eliminar los obstáculos a la inversión privada en defensa
Una bicicleta inteligente permite recopilar datos para mejorar la seguridad en Países Bajos
Voluntariado Jesús con los Niños celebró sus logros a principios de año
El Parlamento Europeo condenó la "usurpación de la presidencia" en Venezuela