Rankings universitarios y educación superior en América Latina y el Caribe

Una crítica desde la periferia académica

El verdadero debate no es estar dentro o fuera del ranking, sino quién define qué es calidad y para qué sirve la universidad en nuestra sociedad. (Freepick)

Participar en un ranking de universidades es una decisión voluntaria de cada institución. A través de ellos se espera reconocimiento nacional e internacional de la calidad institucional o de los programas académicos que se ofrecen. Varias universidades dominicanas están participando en algunos de ellos  lo cual es muy positivo y debe ser estimulado, incluso con recursos públicos.

Sin embargo, en años recientes, diversas universidades de alto prestigio en países desarrollados han cuestionado o abandonado los rankings universitarios internacionales, señalando su reduccionismo metodológico y su impacto negativo sobre la misión académica. Este fenómeno adquiere particular relevancia para América Latina y el Caribe (ALC), región que, pese a ocupar posiciones marginales en dichos rankings, ha asumido sus lógicas como referentes dominantes de calidad universitaria.

Los rankings responden a una racionalidad que privilegia la producción científica cuantificable, la visibilidad internacional y la competencia institucional. Desde la perspectiva de Pierre Bourdieu, estos instrumentos pueden entenderse como mecanismos de reproducción del capital simbólico: consagran a las universidades que ya poseen mayores recursos económicos, lingüísticos y culturales, mientras refuerzan la subordinación de aquellas situadas en posiciones periféricas dentro del campo académico global. En el caso de ALC, esta dinámica consolida una jerarquía internacional del conocimiento que legitima la dependencia intelectual y epistemológica. Estamos muy distantes de las IES que, como Harvard o Stanford, se consideran de investigación.

Boaventura de Sousa Santos ha denunciado la persistencia de una monocultura del saber científico, que invisibiliza otras formas de conocimiento socialmente relevantes. Los rankings universitarios, al valorar casi exclusivamente la investigación indexada en circuitos internacionales, contribuyen a una forma de epistemicidio, al deslegitimar investigaciones orientadas a problemas locales como la desigualdad, la exclusión social, la educación pública o la sostenibilidad ambiental, centrales para la realidad latinoamericana y caribeña.

Asimismo, desde la crítica cultural de Byung-Chul Han, los rankings pueden interpretarse como una expresión de la sociedad del rendimiento, en la que las instituciones educativas se ven obligadas a autoexplotarse en nombre de la excelencia, la productividad y la visibilidad. En este contexto, la universidad deja de pensarse como espacio de reflexión crítica y formación ciudadana, para convertirse en una organización orientada por indicadores, métricas y comparaciones permanentes.

La adopción acrítica de los rankings en ALC ha generado efectos distorsionadores en las políticas universitarias: priorización de publicaciones sobre la docencia, debilitamiento del compromiso social y desplazamiento de la cooperación académica por la competencia. Paradójicamente, mientras universidades consolidadas del Norte global cuestionan estos mecanismos desde posiciones de fortaleza, muchas instituciones latinoamericanas continúan subordinando sus proyectos educativos a lógicas evaluativas externas y descontextualizadas.

En ALC, con la excepción de Brasil, México y Argentina, la producción científica es escasa. Las IES carecen en su mayoría del cuerpo de doctores requeridos para el desarrollo de la investigación y la innovación. Tampoco el Estado apoya con los recursos necesarios para que esta actividad cobre relevancia. Las empresas tampoco confían mucho en la capacidad de las IES para apoyar sus proyectos de innovación.

En conclusión, la retirada de universidades prestigiosas de los rankings internacionales constituye una advertencia significativa para América Latina y el Caribe. Más que perseguir reconocimiento en sistemas de clasificación global, la región enfrenta el desafío de construir modelos propios de evaluación de la calidad, coherentes con su diversidad cultural, sus necesidades sociales y su compromiso democrático. 

Repensar la universidad desde estos referentes teóricos implica, en última instancia, recuperar su función crítica, emancipadora. Además, nos orienta  en el sentido de fortalecer la perspectiva de lo nacional y lo  regional:  Cómo apoyar más, desde la investigación aplicada, en  la solución de los problemas nacionales que afectan el desarrollo económico y social de ALC? ,  cuáles apoyos se requieren del Estado para seguir fortaleciendo la investigación y la innovación acorde a nuestras necesidades?. Son cuestiones a resolver dentro de una política de calidad de las IES.