No más de lo mismo
La democracia permite alternancia para evitar el inmovilismo
Un principio básico de buen gobierno, es que los resultados importan más que las promesas. En República Dominicana, elegir nuevamente como presidente a un dirigente que ya tuvo la oportunidad histórica de introducir cambios estructurales y no lo hizo, implica asumir un riesgo elevado de continuidad en el rezago.
Gobernar es decidir. Quien fue electo democráticamente, ocupó el poder ejecutivo y contó con mayoría legislativa, presupuesto, capacidad de nombramientos y liderazgo político para transformar áreas críticas como el imperio de la ley, modelar valores y ejemplos, mejorar educación, salud, institucionalidad, sistema eléctrico, justicia independiente, seguridad, planificación, territorial, diversificación productiva etc., y optó por administrar el día a día y preservar equilibrios políticos y sectoriales antes que impulsar reformas profundas, es razonable proyectar que, en un nuevo mandato, su conducta sería similar.
La experiencia demuestra que los liderazgos tienden a reafirmar su estilo, no a reinventarse radicalmente. Un político que prefirió el continuismo, el clientelismo o la administración coyuntural por encima de la modernización institucional de su país, difícilmente arriesgará capital político en otra oportunidad. La presión por mantener alianzas, proteger estructuras partidarias o asegurar gobernabilidad inmediata suele pesar más que la visión de largo plazo.
República Dominicana enfrenta desafíos que requieren cambios urgentes: formalización económica, reforma fiscal integral y transparente, modernización del Estado, independencia efectiva del Ministerio Público, planificación urbana sostenible, fortalecimiento de la educación técnica, encadenamientos productivos reales con el turismo, efectivo control migratorio, etc. Estos temas demandan valentía política, no cálculo electoral.
Importancia de la alternancia y liderazgo reformista
Reelegir a quien ya demostró límites en su voluntad reformadora puede enviar una señal negativa a distintos sectores nacionales e internacionales claves, comenzando por los inversionistas que crean nuevas oportunidades de progreso. Retornar al pasado puede producir estancamiento.
Un país que aspira a dar el salto cualitativo necesita liderazgos con valentía y credibilidad reformista, coherencia entre discurso y acción, y capacidad demostrada de ejecutar cambios estructurales. Se trata de resultados verificables.
La democracia ofrece alternancia precisamente para evitar que la resignación sustituya a la transformación. Cuando un líder tuvo la oportunidad de cambiar radicalmente el rumbo y eligió no hacerlo, el electorado debe preguntarse con serenidad: ¿qué garantía real existe de que esta vez sería diferente?
La experiencia de Estado pierde toda credibilidad y eficacia cuando no se pone al servicio del país y de la democracia; sino al servicio de intereses políticos.
La República Dominicana no necesita que la sigan durmiendo con discursos bonitos y más de lo mismo. Necesita decisiones y acciones que construyan el país que aún está pendiente.