Menos información, más inteligencia: competir en el nuevo comercio global
Cuando hablamos de que el comercio internacional cambia aceleradamente, es fácil pensar en la incertidumbre del día: guerras, precios del petróleo, nuevas medidas en mercados clave o disrupciones en las cadenas de suministro
Cuando hablamos de que el comercio internacional cambia aceleradamente, es fácil pensar en la incertidumbre del día: guerras, precios del petróleo, nuevas medidas en mercados clave o disrupciones en las cadenas de suministro.
Incluso antes de los recientes ataques en el Medio Oriente, organismos internacionales ya preveían una desaceleración en el crecimiento del comercio global, impulsada por múltiples factores: barreras arancelarias y no arancelarias, tensiones geopolíticas yreconfiguración de cadenas de valor. También se veía venir un aumento significativo del componente de servicios en la exportación de bienes que, según UNCTAD, alcanzó un 78% en 2025. A esto se suma el avance acelerado de la inteligencia artificial y la digitalización de los procesos productivos, que promete nuevas disrupciones.
Sin embargo, más allá de estos elementos visibles, hay cambios más silenciosos, pero igualmente profundos en la forma en que buscamos mercados, promovemos nuestros productos y competimos. Adaptarnos a esta nueva realidad es clave para navegar tanto los cambios proyectados como los impredecibles. Por razones de espacio, destacamos tres.
Muchos datos, poca inteligencia: Hoy abundan los datos. Plataformas, informes y herramientas (muchas potenciadas por inteligencia artificial) ofrecen información constante, pero no necesariamente comprensión. Esto es especialmente evidente en América Latina y el Caribe, donde el conocimiento del contexto cultural y la realidad local es determinante. En estos entornos, incluso las llamadas “alucinaciones” de la IA pueden distorsionar decisiones estratégicas.
Por eso, combinar la investigación digital con el contacto directo sigue siendo esencial. UNCTAD prevé que el comercio Sur-Sur continuará creciendo, incluso en una región fragmentada como la nuestra. Aprovecharlo requiere algo más que datos: exige inversión sostenida en inteligencia de mercado.
El reto de sostenerse: Ya no basta con lograr una exportación. El verdadero desafío es mantenerse. Las condiciones cambian rápidamente, y con ellas, las expectativas de los mercados. Competir en calidad y precio es hoy el punto de partida, no el diferenciador.
Las empresas deben agregar valor de forma continua, muchas veces a través de servicios: marketing, garantías, soporte técnico o innovación. También deben responder con agilidad a las dinámicas del mercado. En ese contexto, ofrecer algo tan intangible como reducir el riesgo (o la percepción de riesgo) para el cliente puede convertirse en una ventaja decisiva.
El valor de las redes: El networking es ampliamente reconocido como importante, pero su verdadero valor se evidencia al momento de abrir puertas, resolver obstáculos o avanzar negociaciones. Saber a quién llamar, habiendo construido confianza previamente, marca una diferencia real.
Esto aplica en todos los niveles, desde gobiernos hasta empresas. En el Caribe, muchas diferencias se habrían resuelto con mayor facilidad si existieran relaciones más sólidas entre los actores clave. Sin embargo, hemos desaprovechado múltiples espacios de encuentro regional, incluso aquellos en el que hemos sido anfitriones. Es momento de ser más estratégicos al momento de construir y utilizar esas redes.
Hay otros factores en juego, pero cabe resaltar que ya no solo competimos como empresas, sino por la atención y relevancia en los mercados. Reconocer esto implica replantear la forma en que hacemos negocios.
Nuestro abordaje, como país y como empresas, del comercio internacional será determinante para crecer, y sobre todo, para sostenernos en un entorno global cada vez más complejo e incierto.