Finanzas rurales: la brecha pendiente

La concentración del financiamiento en grandes empresas

El acceso al crédito como principal limitación. (fuente externa)

Sin finanzas rurales modernas, no es posible transformar el sistema agroalimentario dominicano. Este fue el mensaje central que compartí durante la Conferencia Centroamericana de Microfinanzas, en una sesión organizada por la FAO. El debate confirmó algo que los datos ilustran con precisión: la limitación no radica en la disponibilidad de recursos, sino en el acceso a ellos. De los más de 216,000 productores registrados en el RENAGRO, solo el 16.6% recibió algún crédito el año pasado. Esta brecha no es exclusiva del país: según CEPAL, FAO, IICA y CAF, apenas el 15% de los pequeños productores latinoamericanos accede a crédito formal.

Hoy el sistema agroalimentario enfrenta tres presiones simultáneas que elevan la necesidad de inversión: una mayor volatilidad de los precios y de los costos de los insumos; un incremento en la frecuencia e intensidad de los eventos climáticos; y una creciente demanda de sistemas de producción más saludables y sostenibles. En América Latina y el Caribe, 33 millones de personas padecieron hambre en 2024 y otros 167 millones enfrentaron algún episodio de inseguridad alimentaria moderada o severa. Responder a desafíos de esta magnitud requiere inversión sostenida y bien orientada. Según la FAO, el crédito a la agricultura creció de USD 961 mil millones en 2015 a USD 1,239 mil millones en 2024, un incremento real del 29%. Aun así, la agricultura representa apenas el 2.24% del crédito global. A escala nacional, esta realidad también se refleja en el análisis elaborado por el ingeniero Arturo Bisonó a partir de los datos del RENAGRO 2024 y la Superintendencia de Bancos.

La cartera agropecuaria dominicana registró un crecimiento del 62.4% entre 2019 y 2025, alcanzando los DOP 132,000 millones, con una tasa de mora inferior al 1% y adecuados niveles de cobertura de garantías. Sin embargo, el problema de distribución se hace evidente al analizar su composición: las grandes empresas absorben el 48% del saldo total. En el otro extremo, el microcrédito, el instrumento con mayor potencial para llegar a los productores de menor tamaño, representa apenas el 1.4% de la cartera.

Del total de productores que accedieron a crédito formal, casi la mitad lo obtuvo a través del Banco Agrícola, que orienta el 85% de sus operaciones hacia mipymes y personas físicas. Para un sector que representa el 4.6% del PIB y emplea al 7.4% de la población ocupada, depender de una sola institución pública para sostener la inclusión financiera rural constituye una fragilidad estructural que el sistema financiero todavía no ha corregido.

El financiamiento se concentra en arroz y cacao, rubros estratégicos pero altamente expuestos a inundaciones, enfermedades y plagas, sin contar todavía con instrumentos de cobertura suficientemente desarrollados. Esta concentración incrementa la vulnerabilidad de la cartera frente a los riesgos climáticos y sanitarios que afectan al sector.

Los datos agregados de acceso al crédito encubren una brecha de género significativa. Las mujeres representan únicamente el 15.7% de los productores agropecuarios registrados. Las barreras son estructurales: el acceso limitado a la titulación de tierras restringe su capacidad para cumplir con los requisitos de garantía exigidos por el sistema financiero formal. El Banco Agrícola reporta que el 21% de sus préstamos entre 2020 y 2024 correspondieron a mujeres, pero en términos de montos desembolsados esa proporción cae al 8%. Es decir, reciben más préstamos, pero de menor valor, reflejando su concentración en actividades productivas de menor escala. En la banca privada, la participación es aún menor.

A ello se suma que la contribución económica de muchas mujeres en las unidades productivas continúa registrándose bajo la titularidad masculina y no como actividad económica independiente, lo que limita la construcción de un historial financiero propio y afecta su perfil crediticio. Este patrón se observa incluso en fondos de inversión internacional y capital privado. Corregirlo requiere revisar los criterios de elegibilidad, no solo las intenciones.

El sector agropecuario dominicano creció en promedio 4.0% anual entre 2016 y 2023, mientras que la prevalencia de subalimentación descendió a 3.6% en el período 2022-2024, uno de los mejores registros del Caribe. Mantener esa trayectoria exigirá dar un salto en productividad y resiliencia. Pero sin financiamiento no hay tecnificación, y sin tecnificación el modelo de crecimiento actual llega a sus límites.

Modernizar las finanzas rurales significa convertir riesgo no gestionado en riesgo gestionable. La República Dominicana tiene los datos, las instituciones y la trayectoria para hacerlo. Lo que falta no es capacidad. Es decisión.

Fuentes: Bisonó, A. (2026). Radiografía del Crédito Agropecuario, República Dominicana 2019-2025. Superintendencia de Bancos RD. · Bisonó, A. (2026). Radiografía del Agro Dominicano. RENAGRO 2024, Ministerio de Agricultura. · FAO (2024). El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo. · FAO, Opening Remarks: Finanzas Rurales y Transformación Agroalimentaria, Punta Cana 2026. · CEPAL, FAO, IICA y CAF (2026). Perspectivas de la agricultura y del desarrollo rural en las Américas 2025-2026. · Ministerio de Agricultura y FAO (2024). Política Nacional de Igualdad de Género del Sector Agropecuario. · MEPyD (2024). El sector agropecuario dominicano: desempeño 2016-2023. · Banco Central de la República Dominicana (2026). Informe enero-diciembre 2025.

Representante de @FAO en la República Dominicana.