La extraña tradición electoral que secuestró la investigación científica en la UASD

La dictadura del profesorado y el declive del interés intelectual en la academia

La extraña tradición electoral en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) se convirtió en un mecanismo de pactos políticos para mantener la paz entre facciones, pero al costo de secuestrar la institución. (Fuente externa)

Carta al Director

Santo Domingo, 19 de junio de 2026.

Señor Aníbal de Castro

Director de Diario Libre,

Ciudad.

Distinguido señor director:

Deseo referirme a su certera glosa titulada “La UASD y una extraña tradición electoral” insertada en la columna “De buena tinta”, p. 24, de fecha 16 de junio de 2026.

La “extraña tradición electoral” ha sido la fórmula perfecta que todos los grupos partidarios y no partidarios que inciden en la vida del alto centro docente encontraron para no matarse entre sí. Como recordará usted, era la manera de esos grupos de dirimir sus diferencias políticas e ideológicas desde la época del Movimiento Renovador hasta la implementación de la curiosa forma de conciliar los intereses de los referidos grupos.

Recordará usted también que en los años 80 y 90 del siglo pasado el suscrito recibió amenazas de muerte de parte de grupos estudiantiles manipulados por partidos de izquierda que veían como una herejía que, como profesor, yo introdujera un método de análisis de textos literarios que negaba la pertinencia de la teoría sociológica marxista como un procedimiento extraliterario por fundamentarse en la lucha de clases como reflejo de la existencia de la obra literaria.

En aquella ocasión, el decanato de Humanidades procedió a asignarme un agente de seguridad para que yo pudiera impartir mis clases y usted editorializó, como director de Ultima Hora de entonces, en contra de ese salvajismo que atentaba contra la libertad de cátedra.

La caída de la ex Unión Soviética y sus aliados del Este echó por tierra aquellas teorías marxistas de la literatura y el modelo político del caduco Estado totalitario de partido único. De modo, pues, que los partidarios de ese modelo que funcionaba en la UASD como un modus vivendi dejó sin discurso y en estado de shock a quienes se aferraron durante años a esos dogmas.

La predominancia a escala planetaria de la política y la cultura light significó una tabla de salvación para los antiguos marxistas que adoptaron, entonces, un nuevo dogma, pero esta vez su funcionamiento en la UASD fue el de una estrategia de dominación de las estructuras burocráticas del alto centro docente.

Y ya se imaginará usted mediante cuál mecanismo político lograron los diferentes grupos partidarios y no partidarios con incidencia en la UASD semejante dominación o, mejor dicho, el secuestro de lo que fue aquella universidad donde no solamente se enseñaba, sino que había una política de investigación, abandonada totalmente por todas las autoridades desde que se adoptó la “extraña tradición electoral”,  que consiste, y usted lo señaló, en que cada rector que asciende al poder acompañado por los demás burócratas, sube con un acuerdo o compromiso tácito (no escrito) de apoyar para el próximo cuatrienio al aspirante a rector que quedó en segundo lugar. Pero si el segundo lugar estuvo muy alejado de los votos del rector elegido, no es de extrañar que suceda una recomposición de fuerzas que busque un candidato nuevo a rector, que puede ganar o perder o ir a una segunda vuelta, como ha visto usted que ha sucedido en estos comicios con algunos candidatos a vicerrectores, decanos y directores de escuelas.

En su columna de opinión en Hoy del jueves 18 de los corrientes, nuestro amigo y colega Bonaparte Gautreaux Piñeyro (Kabito) se dolía del abandono de la investigación científica en la UASD y citó los frutos que aportaron las facultades de Agronomía y Veterinaria en su época. Pero no citó las investigaciones marinas del equipo de Ivelisse Bonnelly de Calventi, las del área de la salud o la cantidad de libros publicados por la antigua Dirección de Investigaciones Científicas dirigida por Franklin Franco y luego por Emilio Cordero Michel o por el Centro de Estudios de la Realidad Social Dominicana (CERESD) que, con mucho tino, dirigió el Dr. Luis Gómez. Pero todo esto fue echado al olvido y hoy la UASD, al igual que las demás universidades del país, son centros dedicados únicamente a la docencia.

Por supuesto, que hay siempre una minoría de profesores de la UASD que no están de acuerdo con este modelo de “extraña tradición electoral” y han optado investigar por sí propio y publicar sus libros con ayuda unas veces de editores que confían en la venta de tales libros, o de otras instituciones que se interesan por la investigación que ha producido individualmente el profesor de marras.

Pero esa minoría de profesores, que a veces discute el presente y el porvenir de la UASD, ha llegado a la conclusión de que nada es capaz de detener a esa fuerza social arrolladora cuya única ideología e intereses radican en conservar los puestos burocráticos y los emolumentos que conllevan. Y para no olvidar las viejas prédicas marxistas en las que ya no creen, pero que se matan por el puesto burocrático y el modus vivendi que implica, se recurre a las prácticas de la descalificación o al asesinato moral. Y aunque en la UASD es casi imposible que algún funcionario burocrático o autoridad elegida incurra en corrupción, porque hay miles de ojos que vigilan, sí hay otro tipo de corrupción que se nos aparece invisibilizada y que consiste en los rentistas que invierten en determinado candidato y si este gana, esperan recuperar, con creces, lo invertido.

Creo, señor director, que la situación que le he planteado merece de parte de la sociedad y sus intelectuales una reflexión acerca de un posible modelo alternativo a la actual construcción de ese modelo de “extraña tradición electoral”. Durante el rectorado del ingeniero Miguel Rosado Montes de Oca se eliminó la casi dictadura estudiantil del 33 por ciento de representación en los organismos de cogobierno, porque los profesores se concienciaron de que eran rehenes de los grupos estudiantiles, pero ahora la UASD es un rehén de la casi dictadura del profesorado, el cual ya no tiene ningún interés intelectual en investigar o publicar libros, sino asegurarse su modus vivendi.

Ante esta cruda realidad del actual modelo universitario, desde el rectorado de Roberto Santana y su panóptica verja perimetral que aísla al centro docente de la sociedad, hay que observar que la UASD juega un papel de contrainsurgencia al igual que los actuales sindicatos de trabajadores. (Recuérdese que Santana pasó desde la izquierda aguerrida de la UASD a ser candidato a senador del Partido Reformista, apoyado de dedo por Balaguer). De modo que esa UASD de hoy viene de lejos como reservorio de conservadurismo con respecto al sistema social. Balaguer lo vio bien claro cuando dijo que había que dejarle ese botín de la UASD a los partidos de izquierda y al PRD para que se mantuvieran tranquilos. Surgió a raíz de esta política balaguerista una enfebrecida lucha por los puestos burocráticos y los estudiantes copiaron el modelo profesoral y desde aquellos días de la caída del socialismo real, ellos aspiran, de estudiantes, a ser monitores y ayudantes de profesor, y de ahí ascender en la escala social hasta profesor y luego candidato a cualquier cosa. Fin de las huelgas en el sector privado; fin de las manifestaciones por conquistas sociales en la UASD. El presupuesto del Estado a la UASD es muy generoso y cumple a cabalidad su función de dilución de protestas sociales.

Saludo a usted con los sentimientos de mi mayor consideración y estima.