La insoportable levedad de la política

Los números que no entran en la conversación

Los números que no entran en la conversación. (generada con ia)

Milan Kundera construyó una de las grandes novelas del siglo XX sobre una tensión: el peso y la levedad.

La levedad libera. También vacía.

Algo parecido ocurre con la política dominicana justo cuando más pesada se ha vuelto la tarea de gobernar.

Nuestros problemas pesan. Nuestra conversación, casi nunca.

Dedicamos semanas a polémicas que se disuelven en horas. Conflictos personales ocupan el espacio que deberían ocupar las grandes preguntas nacionales.

Mientras tanto, el país se juega su próxima generación casi en silencio.

Los números, por una vez

A la República Dominicana le faltan 1,464,995 viviendas. El 75 % de los hogares presenta condiciones de hacinamiento, según un análisis de Hábitat para la Humanidad basado en el Censo de 2022.

Pero vivienda, crédito hipotecario y ordenamiento urbano apenas existen en nuestra conversación política.

Entre 26 % y 38 % de los empleos de América Latina y el Caribe están expuestos a la inteligencia artificial, según estimaciones del Banco Mundial y la OIT.

Hablamos de empleo. Poco de reconversión laboral.

Hablamos de educación. Poco de qué debemos enseñar para el mundo que viene.

Hablamos de salud. Poco de alimentación, prevención y estilos de vida.

Incluso los impuestos aparecen casi siempre como un problema de cuánto necesita recaudar el Estado y mucho menos de qué sistema tributario necesitan quienes trabajan, producen, emprenden e invierten.

Hasta nuestros debates serios suelen comenzar por la pregunta equivocada.

El año que decide una generación

La Estrategia Nacional de Desarrollo llega a su horizonte en 2030.

Faltan cuatro años.

Sin embargo, la discusión sobre qué país queremos construir después parece preocupar más a técnicos y organismos especializados que a quienes aspiran a dirigirlo.

Por eso 2028 no será una elección cualquiera.

No decidirá solamente quién gobierna.

Puede decidir qué generación comienza a gobernar.

Y quizá eso explique parte de la ansiedad que recorre hoy al país. La siente quien no sabe si podrá comprar una vivienda o conservar su empleo. Pero también empresarios, profesionales, intelectuales y dirigentes que perciben un cambio de ciclo y desconocen cuál será su lugar dentro de él.

Esa incertidumbre debería producir seriedad.

Está produciendo ruido.

El costo de la levedad

¿Dónde están los grandes debates de nuestras universidades?

¿Los think tanks diseñando políticas públicas?

¿El Congreso discutiendo inteligencia artificial, vivienda, crédito, productividad o el futuro del trabajo?

Cuando la conversación se vuelve liviana y los problemas permanecen pesados, el balance se rompe.

Una parte creciente de la sociedad deja de preguntarse qué partido la representa y comienza a preguntarse si el sistema la representa.

El riesgo aumenta cuando el Estado no resuelve los problemas, los servicios fallan y el dinero público se despilfarra. Todo esto genera un vacío de representación

Y ese vacío, lo hemos visto antes, nunca permanece vacío.

Alguien termina ocupándolo.

Conviene corregir el balance antes de que el péndulo encuentre uno de los extremos.

Kundera escribió sobre una paradoja: el peso y la levedad de la existencia.

Lo nuestro, más que una paradoja, es una contradicción:

El país está discutiendo su próxima generación con una política atrapada en la próxima semana.

Quizás haya llegado el momento de devolverle peso a la política.

El autor es especialista en Gobernabilidad y Gestión Pública y fue Director de Competitividad de la República Dominicana.