Primero exclusivo: En política, como en la vida, no conviene pasarse de listo ni ser desesperado

Juan Bosch: el sembrador de la política dominicana

La genealogía política de Bosch. (archivo)

En política, como en la vida, lo mejor es no pasarse de listo ni de vivo. 

Tampoco desesperarse

Hay un tiempo para sembrar y otro para cosechar, y no siempre quien siembra alcanza a recoger los frutos.

La historia política dominicana ofrece ejemplos impresionantes.

José Francisco Peña Gómez quiso ser presidente. Jacobo Majluta también. Hatuey Decamps aspiró igualmente a la Presidencia

Ninguno consiguió ser elegido presidente por el voto popular, aunque Majluta ejerció provisionalmente la Presidencia después de la muerte de Antonio Guzmán en 1982.

Los tres murieron posteriormente de cáncer

Naturalmente, no existe relación causal demostrable entre aquellas enfermedades y sus frustraciones políticas. La coincidencia pertenece al terreno biográfico. Pero recuerda algo elemental: la política ocurre dentro del tiempo limitado de la existencia humana.

Por eso resulta fascinante observar a Juan Bosch.

Bosch fue mucho más que el presidente derrocado en 1963. Desde el exilio, durante su gobierno y posteriormente en Europa, contribuyó a modernizar la dimensión internacional de la política dominicana. Abrió caminos hacia fuerzas democráticas y socialdemócratas que Peña Gómez desarrollaría extraordinariamente después mediante sus relaciones con la Internacional Socialista.

Pero Bosch también sembraba dirigentes.

En 1963 designó secretario de Agricultura a su viejo amigo Antonio Guzmán Fernández. Durante la crisis de 1965, Guzmán apareció como posible fórmula para encabezar un gobierno provisional, alternativa respaldada por Bosch.

No prosperó.

En 1966 Bosch lo escogió como candidato vicepresidencial.

Perdieron.

Doce años después, Antonio Guzmán ganó las elecciones de 1978 y terminó con los doce años consecutivos de gobiernos de Joaquín Balaguer.

Guzmán nombró secretario de Agricultura a Hipólito Mejía, quien anteriormente había dirigido el Instituto del Tabaco.

Veintidós años después, Hipólito fue elegido presidente de la República.

Y la cadena continuó.

En 2012 Hipólito escogió como candidato vicepresidencial a Luis Abinader.

Perdieron.

Pero Abinader quedó proyectado nacionalmente. En 2016 fue candidato presidencial y escogió como compañera de boleta a Carolina Mejía, hija de Hipólito.

Volvieron a perder.

Abinader perseveró. Ganó en 2020 y fue reelegido en 2024.

Carolina también continuó construyendo su trayectoria. Fue elegida alcaldesa del Distrito Nacional en 2020, reelegida en 2024 y llegó a la Secretaría General del PRM.

Y ahora aparece otra generación: Juan Garrigó Mejía, hijo de Carolina y nieto de Hipólito, acaba de asumir la Secretaría General del PRM.

La política necesita tiempo.

Las dos ramas de la genealogía de Bosch:

Aquí conviene precisar qué significa hablar de una genealogía política de Juan Bosch.

No significa que todos esos dirigentes hayan sido discípulos de Bosch, que pensaran igual que él ni, mucho menos, que Bosch haya creado el PRM.

La genealogía es histórica y política, no una sucesión automática.

Tiene dos grandes ramas.

La primera parte del PRD, organización que Bosch dirigió durante décadas y llevó al poder en 1963. Allí crecieron Antonio Guzmán y José Francisco Peña Gómez

Peña Gómez desarrolló posteriormente un liderazgo propio, de extraordinaria dimensión nacional e internacional, y dejó su propia escuela política.

De aquella tradición perredeísta procedió Hipólito Mejía y, décadas después, de la profunda crisis del PRD surgiría el PRM con dirigentes como Hipólito y Luis Abinader.

Por eso podemos representar esta primera rama, con todas las necesarias salvedades históricas, así:

Bosch ? PRD ? Guzmán y Peña Gómez ? Hipólito ? Abinader ? PRM.

Dentro de ella aparece ahora otra línea generacional:

Hipólito ? Carolina Mejía ? Juan Garrigó Mejía.

La segunda rama es mucho más directa.

Bosch abandonó el PRD y en 1973 fundó personalmente el Partido de la Liberación Dominicana.

Tenía 64 años.

Había sido presidente, había sido derrocado, había vivido nuevamente en el exilio y había perdido elecciones.

Podía retirarse.

Hizo exactamente lo contrario.

Volvió a sembrar.

Y aquel partido terminó produciendo dos presidentes de la República:

Bosch ? PLD ? Leonel Fernández y Danilo Medina.

Leonel ganó en 1996 y posteriormente volvió al poder en 2004 y 2008.

Danilo perdió las elecciones del año 2000 frente a Hipólito Mejía.

No se desesperó.

Esperó doce años.

Ganó en 2012 y fue reelegido en 2016.

Ahí está la extraordinaria dimensión histórica de Bosch.

El PLD constituye una descendencia política directa de Bosch porque él lo fundó. El PRM no. Su conexión con Bosch es histórica e institucional, porque procede de una ruptura ocurrida muchas décadas después dentro del PRD que Bosch había dirigido, y porque entre ambos aparece la figura indispensable y autónoma de Peña Gómez.

Bosch gobernó apenas siete meses, pero las dos grandes ramas de su árbol político atravesaron más de medio siglo.

David Collado y los tiempos de la política.

Y así llegamos al presente.

Entre los dirigentes que naturalmente son mencionados cuando se habla del futuro político dominicano se encuentra David Collado.

Su caso permite volver al punto inicial de esta reflexión, no como una advertencia particular dirigida hacia él, sino como una enseñanza aplicable a cualquiera que aspire a responsabilidades mayores:

No os desesperéis.

Collado ha construido una importante trayectoria política y administrativa. Fue alcalde del Distrito Nacional y posteriormente ministro de Turismo. Como ocurre alrededor de toda figura con posibilidades políticas, existen amigos, simpatizantes y dirigentes que miran hacia el futuro y expresan sus preferencias.

Eso es absolutamente normal en una democracia.

Pero la historia dominicana demuestra que el tiempo puede convertirse en un gran aliado de quien sabe administrarlo.

Antonio Guzmán supo esperar.

Danilo Medina perdió y volvió doce años después.

Luis Abinader conoció derrotas antes de alcanzar la Presidencia.

Carolina Mejía pasó de una candidatura vicepresidencial derrotada a conquistar y consolidar la Alcaldía del Distrito Nacional.

Y Bosch, después de un golpe de Estado, el exilio y derrotas electorales, todavía tuvo fuerzas para comenzar nuevamente a los 64 años.

La enseñanza, por tanto, no es solamente para David Collado.

Es para Collado, sus amigos, sus competidores y todos los que desde ahora miran hacia 2028.

En política no siempre conviene acelerar los acontecimientos. Hay momentos para aspirar, otros para construir y otros para esperar.

Las encuestas pasan. Las circunstancias cambian. Las alianzas se transforman. Y finalmente decide el ciudadano.

Por eso quizás el mejor consejo sea también el más sencillo:

No os desesperéis.

Trabajen. Sumen. Formen equipos. Respeten a los competidores. Eviten convertir compañeros de hoy en adversarios innecesarios de mañana.

Y no se crean dueños anticipados del porvenir.

Porque en política, como en la agricultura, uno prepara la tierra, otro siembra, otro riega y algunas veces es una generación completamente distinta la que recoge los frutos.

Juan Bosch gobernó siete meses, pero sembró durante toda una vida.

Y quizás esa sea su victoria política más duradera: de aquellas semillas surgieron partidos, escuelas, liderazgos y presidentes mucho después de que Bosch dejara el Palacio Nacional.