Al Chino se le fue el seguro

La gente se pregunta qué lo motivaba tanto...

Al diputado de La Vega que apodan el Chino, sin que se conozca la razón del mote, o la maldad la suponga, sólo le faltó una pandereta para convertir la Asamblea Revisora en un templo evangélico.

Lo del sábado pasado fue único en los anales de la República, o del Congreso Nacional, pues el asambleísta muy salido de sí clamaba a Dios, pero alababa a Danilo, sin que nadie corrigiera la irreverencia.

Tomó casi por asalto la sesión, y habló en dos turnos, algo que sólo hizo el vicepresidente de la Asamblea, Abel Martínez, cuyas intervenciones buscaron establecer un orden y un respeto que nunca existieron.

Ramos estuvo en sus aguas, o en su día, ya que mientras a muchos de sus colegas se les coartó el derecho, por el cierre de debates, él tuvo tiempo para una actuación memorable.

Cantinflas no le hubiera ganado.

Pudo decir y dijo lo que le vino en ganas, y lo que menos importó fue lo contradictorio. Por ejemplo, declaró lleno de risa que Vincho era su papá, a pesar de que Vincho, Vinicito y la Fuerza eran contrarios a la reelección.

Se espera que el viernes desayune más ligero, o Cristina lo controle mejor.