Alfabetizar para la vida

Cuánta satisfacción nos produce la decisión de desarrollar una jornada de alfabetización cuyo resultado sea declarar a la República Dominicana libre de analfabetismo en el año 2014. Pero, ¿cuál será el alcance y sentido que tendrá el término alfabetización en el marco de este gran proyecto?

Para lograr resultados de impacto social entonces tendrán que descartarse enfoques conceptuales de alfabetización como los que han colocado a nuestro país en los últimos lugares en las evaluaciones internacionales de desempeño, pues, en general, los mismos responden a ideas (que fueron válidas en sociedades primitivas) de que leer es descifrar el código escrito y escribir es traducir los sonidos a grafías o letras.

Hoy día cuando se circunscribe la alfabetización a este nivel de alcance, a través de ella se producen analfabetos funcionales, personas capaces de decodificar, de copiar y de firmar, pero incapaces de usar la lengua escrita para desempeñar funciones propias de la vida en una sociedad en donde la palabra (oral o escrita) representa un arma tan poderosa como las armas tradicionales.

A las generaciones que vivimos en la sociedad actual nos toca vivir en un mundo complejo de producción acelerada de conocimientos debido al ágil desarrollo y sofisticación de tecnologías y por esta razón la alfabetización tiene que responder a los desafíos que tal mundo nos plantea.

En este mismo orden, sabemos que gran parte de la población, supuestamente letrada, ahora resulta iletrada, pues los modos de leer y de producir textos se han transformado ostensiblemente.

¿De qué concepto de alfabetización hablamos en la era de la información sin fronteras, de la búsqueda veloz de data, del hipertexto, de las grandes redes sociales de comunicación? Ojalá que no nos encontremos con desfasaje entre lo que se enseñe y lo que la realidad presente demanda.

La lectura y la escritura son prácticas sociales y como tal comportan exigencias distintas según los contextos y los propósitos. Es por esta razón que hoy se concibe la alfabetización como un proceso y no como un estado que se alcanza en un momento dado a través de la instrucción.

Incluso las universidades de avanzada dedican buena parte de sus esfuerzos y recursos a la tarea de la alfabetización académica. Es decir, a la universidad también le corresponde aportar a la tarea alfabetizadora capacitando sobre los modos de leer y de escribir característicos de las distintas disciplinas o ámbitos profesionales.

Existe una frase de Goethe, el autor del "Fausto" que ilustra fehacientemente la idea de alfabetización a través de toda la vida: "Las buenas gentes no saben el tiempo y trabajo que cuesta aprender a leer. He trabajado en ello ochenta años y aún no puedo decir que lo haya aprendido".

Reiteramos nuestro acuerdo con la jornada de alfabetización, pero hagamos esa tarea enfocados en desarrollar en nuestros conciudadanos las competencias que los habiliten para ir realizando cada vez mejor, como nos enseñó el gran maestro Paulo Freire, la lectura del mundo, que es leer su contexto inmediato y el más amplio del cual el suyo forma, Y esto para posibilitarles insertarse en ese mundo como" sujetos constructores de su historia" y no como meros objetos de la misma.

Esto último implica, además de las tareas de más bajo nivel como son las de decodificar y encodificar, comprender y producir textos para resolver distintas necesidades de la vida en sociedad. Para lograrlo, el alfabetizador debe convocar a esos espacios de aprendizaje la más variada gama de textos que traten los problemas que impactan al mundo del adulto y que posibiliten su educación ciudadana: el respeto y cuidado del medio ambiente, la solidaridad con nuestros congéneres, la igualdad de género, la prevención de la violencia, los derechos y deberes ciudadanos…

Alfabeticemos para la formación de ciudadanos libres para dirimir y resolver sus conflictos a través del diálogo y no del crimen; libres para poder discernir y tomar las mejores decisiones políticas; libres para comprender los diferentes discursos y adherirse a sus posturas intrínsecas o diferir de ellas, libres para usar adecuadamente el poder de la palabra oral y escrita, libres para decidir el tipo de sociedad donde desean vivir y aportar para su construcción.

En fin, si logramos estos propósitos podremos acordar con nuestro Presidente que "La Educación es el nuevo nombre de la Libertad".