AM.-José María Hernández
Tuve el privilegio de compartir con ese digno hombre que acaba de cumplir su ciclo en la tierra luego de una dolorosa enfermedad: José María Hernández Espaillat.
Nacido en El Caimito, Moca, en la casa solariega de los Hernández Espaillat, un poco antes que yo, sin embargo, su alegre presencia y su don de gente siempre dado a la sonrisa y a la entrega, nos inclinaron a una amistad de toda la vida.
Viajábamos a Santiago a las cátedras de la Universidad Católica Madre y Maestra, donde José María fue de los primeros estudiantes y de los graduados primigenios. De los primeros diez alumnos de esa alta casa de estudios, allá en la casa de madera vieja del año 1962, la mitad eran de Moca.
Luego de graduado marchó a Francia junto a un grupo de compañeros a perfeccionarse en el arte de la jurisprudencia y regresó como profesor y funcionario administrativo de la alta casa de estudios, donde fue consejero fiel de su rector, monseñor Agripino Núñez Collado.
Casó con la entonces bibliotecaria de la Universidad, Sonia Guzmán Klang y procreó una hermosa familia.
Las actividades políticas de su suegro lo encumbraron a la vida pública, por donde pasó libre de manchas, sirviendo con honor a su país. El aprecio que se le tenía en Santiago, ciudad que adoptó como su hogar y los reconocimientos que recibió son la prueba al canto de su personalidad íntegra y generosa.
Al celebrar su partida a la Casa del Señor, se que será juzgado como un hombre de bien que amó a su familia y a su Patria.
Paz a sus restos.
atejada@diariolibre.com
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