Abrir o no abrir, he ahí la cuestión...

No hay dudas de que la economía mundial y, por tanto la dominicana, más tarde o más temprano tendrán que abrir. Una cuarentena, a menos que haya un bombardeo masivo, no se sostiene por mucho tiempo. Ni en el ánimo de la gente, ni en el bolsillo de los comerciantes y empresarios, ni en las recaudaciones del Gobierno.

Por tanto, el tema no es si debe abrirse o no, sino cuándo y ese cuándo depende de muchos factores, algunos de los cuales son todavía desconocidos y en otros casos se carece de los datos para tomar una decisión razonablemente correcta. Y no en todas las actividades económicas al mismo tiempo.

Tómese el caso del turismo. La República Dominicana no puede abrir sola porque depende de la decisión que tomen los países emisores de nuestro turismo y luego de que ellos tomen la decisión de abrir hay que calcular el tiempo que les tomará a los turistas convencerse de venir a nuestras tierras.

Muchos querrán venir el primer día de la apertura, pero la industria y nosotros tendríamos que aplicar controles muy estrictos para que ninguno de esos turistas contagie en nuestro país y volvamos hacia atrás.

El Gobierno tiene que admitir que ya hay un cansancio en la población con respecto a la cuarentena y que algunos cumplimientos que se observan en la periferia no son los de adentro. Por ejemplo, vemos las filas para entrar a los supermercados, pero dentro lo que se da es un roce constante.

Por tanto, la decisión de abrir paulatinamente debe tomarse solo cuando se cumplan ciertos requisitos que todavía no estamos claros si se dan en el país.