Atrapados

Si la delincuencia está cambiando nuestra forma de vivir y de socializar, también los atascos y el caos del transporte están reduciendo nuestra capacidad de producir, salir, formarnos...

Acudir a una actividad cultural en la Zona Colonial, por ejemplo, es un esfuerzo de logística si no se vive como muy lejos... en Gazcue. A partir de ahí ya hay que contar con un mínimo de 45 minutos para llegar y 15 o 20 para parquearse... si se tiene vehículo propio. Llegar en transporte público es infinitamente más complicado.

Universidades, colegios, supermercados, bancos, diligencias, médicos, ir al trabajo... cualquier traslado en la ciudad se convierte en una inversión de tiempo y dinero desproporcionada. Es el resultado de amamantar por años y años un sistema de transporte público ineficiente, caro y sucio que ha enriquecido a dos o tres empresarios, capitalistas puros escondidos tras la etiqueta del sindicalismo de los años 60.

La falta de una voluntad de los partidos que han gobernado, de connivencia entre políticos y choferes, la decisión de no permitir la libre competencia en ese sector “clave para mantener la paz social” y la incapacidad de los poderes municipales de planificar el desarrollo urbano pensando en los vecinos y no en las construcciones han resultado en lo que vivimos hoy.

En contra de la evolución de las sociedades desarrolladas, cada vez necesitamos más vehículos por hogar para no quedarnos encerrados en casa.

Es la pescadilla que se muerde la cola.

IAizpun@diariolibre.com