El equilibrio

Los más graves problemas institucionales de nuestro país provienen de la falta de equilibrio entre el interés particular de la clase política y el interés general de la ciudadanía.

Jamás se aprobará un fiscal independiente para investigar la corrupción gubernamental, ni una adecuada ley de partidos, ni se jugará por reglas de juego iguales para todos, a menos que el poder de la sociedad para obtener los bienes institucionales que reclama, sea igual o superior al de los políticos.

La clase política ha envilecido a esta sociedad, manteniéndola en la pobreza, para que tenga que arrodillarse a la indigna posición de la dádiva oficial.

La clase política mantiene la peor de las dictaduras, que es la de la complicidad a través del control de los órganos llamados a impartir justicia y hacer las leyes.

La clase política, en fin, mantiene un orden de cosas que la beneficia sólo a ella, en la que el resto de la sociedad ha de actuar como mendigo.

Esa clase política está en todos los negocios. Antes estaba sólo en los negocios del Estado, pero ahora usa el Estado para inmiscuirse en los negocios privados que sólo pueden florecer con el padrinazgo político, a cambio de una tajada, por supuesto.

Si la comunidad dominicana no se organiza para arrancarle a la clase política parte del poder que se ha otorgado ante la pasividad de todos, no hay que hacerse muchas esperanzas de que las cosas cambiarán, y si no cambian, en pocos años será imposible vivir en este país si no se es político.

atejada@diariolibre.com