Filtrar, revelar, intoxicar
Hay un país que no está en los mapas. Es el país en el que viven los ricos de verdad. No salen en las revistas “aspiracionales”, ni viajan en primera, ni sabemos quiénes son. Viven en otra dimensión.
Los ricos de verdad van y vienen solos y no se retratan. Esconden sus millones en los mismos paraísos a los que les siguen políticos corruptos ansiosos de mezclarse con ellos. Y se juntan en el paraíso los jeques árabes con los oligarcas rusos, la nobleza europea cada vez más justita de dinero, los deportistas famosos (con la excusa de estar siempre mal asesorados) y esos ricos que inventaron los paraísos fiscales para que los gobiernos dejaran de husmear en su fortuna.
Los que más indignan son los políticos que robando dinero público han entrado en el selecto paraíso de los defraudadores de toda la vida. Son al mismo tiempo del equipo de los recaudadores y del grupete de los que defraudan, lo que les convierte en particularmente despreciables.
Ocultan tal cantidad de trillones que desestabilizan cualquier economía. Incluida la de Panamá, que por no fabricar no fabrica ni sombreros...
Nos gustan las filtraciones pero... ¿realmente merecen el nombre de periodismo de investigación? Es un mundo cambiante y acelerado donde los papeles se mezclan y los intereses se confunden. Las filtraciones desnudan a los evasores pero también mezclan y confunden. Y eso, en periodismo, es tan peligroso como ocultar la verdad.
IAizpun@diariolibre.com