Gilberto Santa Rosa

En realidad, lo que ha hecho Salcedo en el Parque del Conservatorio es una sala de fiestas. Sin cumplir los obligados requisitos de insonorización y sin que le cueste un peso “a nadie”, excepto a los contribuyentes, que la hemos pagado con nuestros impuestos. (No somos nadie...)

Contraviniendo los requisitos de espacio y localización de celebración de eventos masivos, irrespetando la normativa de las zonas hospitalarias y los niveles de ruidos en zona residencial y poniendo a disposición del empresario privado de turno todos los servicios del ADN por el módico precio de 50,000 pesos si el artista es local, 75,000 pesos si es internacional.

Se incumplen las normas de ruidos, de tráfico, seguridad, higiene etc... pero no estamos ni cerca de una solución. Porque el problema no es solo el nivel del ruido (que también). Es la utilización inadecuada promovida por el Ayuntamiento de un parque y de los daños colaterales que este uso provoca.

¿Es una prioridad de la ciudad que el ADN organice conciertos? No.

¿Soluciona alguno de los problemas importantes de Santo Domingo? No.

¿Es tarea del Alcalde entretenernos? No.

¿Es admisible que sea el ADN el que arrabalice un sector? No, más bien eso es para ir a los tribunales.

¿Es lógico que ni el Ministerio de Salud ni el de Medio Ambiente protesten por lo que les toca? No.

Señores del PLD, la industria del espectáculo es ante todo negocio. Y en este negociazo de los conciertos y la Brillante Navidad es obvio que los beneficios no se los está llevando la ciudad.

IAizpun@diariolibre.com