Imperdonable
El vertedero de Duquesa es noticia desde los tiempos de Balaguer. Alcaldes y presidentes van y vienen. Aunque... no; no se van tantos porque las reelecciones han dado muchos periodos a algunos de ellos.
Duquesa sigue ahí como el problema sanitario que nos tiene atufados (en la acepción 1 y 2 del diccionario) desde hace días y como prueba irrefutable de la incapacidad de la clase política de solucionar problemas estructurales.
La historia de Duquesa es la historia de comisiones, contratos, pleitos de ignorantes y/o de listos que buscan el dinero. Alcaldes y basura... ¡qué relación tan estrecha, mal llevada, cara e improductiva!
Es gratificante firmar un contrato con Odebrecht para una mega obra que llevará una placa con el nombre del ministro. Pero meterse a resolver un vertedero es un problema “feo” y socialmente incómodo porque a fin de cuentas hay cientos de personas que viven de ellos y deben ser sacados de ahí. No es tan lucido como inaugurar un faro, hacerse una foto en una donación o repartir tarjetas para que la gente compre en los colmados o se quede en casa.
Pero ya saben, “la basura no es un desperdicio, se puede sacar energía de ella, es un negocio, la economía verde, la economía circular...” Todos los políticos en un momento u otro sacan el librito de lo que hay que decir en estos casos. Pero Duquesa está ahí.
Es la prueba inocultable de que los problemas estructurales (agua, luz, basura, institucionalidad, alcantarillado...) son demasiado complejos y exigen un largo plazo que los políticos no están dispuestos a observar.