¿La Biblia o la Constitución?
En estos tiempos, los políticos hablan de la Biblia y suena a campaña electoral más que a apoyo espiritual. Los votos de los evangélicos y de los católicos son potentes nichos electorales que no hay que descuidar y el recurso de remitirse a la Biblia es sencillo y directo. (¿Demasiado fácil, no?)
La campaña por la lectura de la Biblia en las escuelas públicas, tema que puso el ministro de Educación sin venir realmente a cuento, no tiene sentido. Ni educativo, ni formativo ni constitucional.
(Empecemos por que a usted, que quizá lee a diario la Biblia, pueden espantarle las interpretaciones que hacen algunos y no quiere que sus hijos las oigan).
Si lo que quieren es fomentar la lectura, piensen antes en la Constitución, que sí tienen obligación de enseñar en las escuelas públicas. Tres ministros de Educación han firmado acuerdos con el Tribunal Constitucional: Josefina Pimentel, Andrés Navarro y el actual, Roberto Fulcar. Pero nunca se ha conseguido enseñarla, se lamenta el presidente del Tribunal Constitucional don M. Ray Guevara.
La escuela pública sí está en la obligación de educar a los alumnos en sus derechos ciudadanos, de que conozcan, cada quien a su debido nivel, en qué consiste este concepto que parece abstracto y que regula su vida. Empezando por la obligatoriedad del Estado de cuidarle y educarle.
El Tribunal ha editado hasta una versión infantil de la Constitución y tiene programas de divulgación en todo tipo de plataformas y formatos.
Respetemos la libertad de culto y de los padres a elegir la formación religiosa que quieren para sus hijos.
Hay muchos otros espacios para leer la Biblia pero no tantos para entender la Constitución.
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