Para entender el problema
Hay migración de un país a otro cuando la economía de uno supera, al menos cuatro a uno a la del otro.
La nuestra supera a la de Haití más de diez veces.
El producto bruto del Gran Santo Domingo supera al de la república de Haití entera.
Cuando ocurren grandes tragedias (guerras, desastres naturales, etc.) la migración tiende a incrementarse.
Los migrantes usualmente pasan inadvertidos cuando su porcentaje con respecto a la población local no pasa de un cinco por ciento. La población migrante haitiana en el país pasa de ese número.
En una primera etapa de la migración, los migrantes, usualmente indocumentados, trabajan por menos paga. Con el paso del tiempo eso cambia, pero no contribuye a elevar los jornales en esos sectores como demandaran los niveles de inflación y la economía en general.
La inmigración tiende a incrementar los gastos del país en materia de servicios (educación, salud, etc.), sin aportar a los costos de esos servicios pues sus jornales están por debajo de los umbrales por los que se pagan impuestos.
En el caso específico de la inmigración haitiana, las condiciones impuestas por los Estados Unidos para frenar la migración hacia su territorio, empujan la migración hacia otros países (Brasil, Chile, etc.) y, con mayor énfasis hacia el vecino que comparte territorio. Esa actitud de los Estados Unidos, en gran medida, condiciona la actitud del Gobierno dominicano ante la migración que insiste en que acojamos y legalicemos al mayor número posible.
Existen otras aristas del problema que compartiré en otra ocasión para seguir iluminando la discusión.
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