Ramón, el limpiabotas
Lo iba a entrevistar en el programa Diario Libre AM. Era el candidato presidencial de una de las agrupaciones de izquierda.
Antes de comenzar la entrevista me preguntó: -¿Usted se acuerda de mí?
-Claro, le respondí. Eres de Moca, igual que yo...
Y en ese momento me dejó con la boca abierta cuando me dijo: -Yo era el que le limpiaba los zapatos cuando usted iba a ver a su novia a La Vega, en el Parque de la Victoria...
Era Ramón Almánzar, el candidato presidencial, el limpiabotas hecho profesional y líder de masas, el hombre de una solidez de principios y de una humildad que obligaba al homenaje, aunque se pensara distinto y se le viera como enemigo.
Fueron inútiles las bromas de Yolanda Martínez, mi compañera de programa, sobre si le daba propinas o sobre la calidad de los zapatos. La candidez y la calidez de Ramón no pudieron borrarme la cara de asombro y de vergüenza. ¡Qué respeto sentí y siento por un hombre de esa solidez moral y de una humildad tan acrisolada!
Así como la vida no pudo doblegarlo en el logro de sus aspiraciones, tampoco el oro corruptor o las persecuciones pudieron impedir que se entregara con ardor a la causa de los más pobres y de la dignidad.
En Ramón Almánzar tuvo el país a un hombre radical en los principios, a un dirigente responsable y a un ciudadano conocedor de sus derechos y de sus deberes.
Hoy se ha ido y en la Patria se siente un vacío “que no lo llena el aire”, como dijo el poeta criollo.
(AM de mayo de 2015. Hace cinco años que se nos fue )
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