Bienvenido a Washington Heights: Se Habla Inglés
No hay tal "dominicano ausente". Lo que existe es el dominicano que vive en el exterior. Esto así, porque este nunca se ausenta de su relación y compromiso con su origen, con su pueblo, con su patria. Está más presente, más consciente y más comprometido por su país, que muchos de los dominicanos que vivimos en el territorio nacional.
Caminar por ese maravilloso vecindario denominado Washington Heights, en el Alto Manhattan, literalmente el punto más alto de Manhattan, es caminar por nuestras calles y nuestras aceras. Es ver al hombre y la mujer dominicana trabajadora. Ahí se respira dominicanidad y como somos hospitalarios con todos los extranjeros, solo falta un letrero, a la entrada del vecindario, que diga "Bienvenido a Washington Heigths, se habla inglés".
En Washington Heights usted no se pierde, y si lo hace, lo encuentran. Estar allí es sencillamente un reencuentro con nuestra identidad cultural, al tiempo que aman al país que los acoge y por igual sienten suyo. De momento, nuestros compatriotas van a declarar al Presidente de los Estados Unidos "Ciudadano distinguido de Washington Heigths".
Lo que sucede allí es un reflejo de lo que sucede en muchas ciudades y comunidades de Estados Unidos, Canadá, las Islas del Caribe y Europa. ¿O acaso "Cuatro Caminos" en Madrid no es otro Washington Heights? El dominicano en el exterior se ha insertado exitosamente en los medios de comunicación, en el transporte, en las escuelas, en las universidades, así como en la banca, en el comercio, en los hoteles y en los oficios técnicos. Son parte integral de la política, la administración pública y de los procesos de toma de decisiones.
El dominicano en el exterior no necesita a los que vivimos en el territorio nacional, somos nosotros quienes necesitamos a los dominicanos en el exterior. No sólo por sus importantes remesas para las familias dominicanas y su efecto en la estabilidad macroeconómica, sino, y sobre todo, por su visión, por su empuje, por su autoestima. Fueron capaces de creer que es posible labrarse un camino diferente y se lanzaron a buscar un nuevo destino para sí y los suyos. Y eso, además de creer en sí mismo, implica decisión, visión y coraje.
Son ellos el mejor antídoto contra el clientelismo, la pobreza y la exclusión social de nuestro país. Y ahí reside su poder transformador, no solo para el país receptor, sino para su país de origen.
El proceso migratorio que se dio hacia los Estados Unidos a partir de 1961, fue impresionante. Se ha ido acrecentando décadas tras décadas. Los emigrantes fueron en búsqueda del legítimo ascenso social y económico que nuestro país ha sido incapaz de brindarles. Hoy tienen una perspectiva muy distinta de lo que es y debe ser su República Dominicana.
En un estudio auspiciado por la Organización Internacional sobre Migraciones (OIM), titulado "Diáspora como Agentes para el Desarrollo en América Latina y el Caribe", se hacia la pregunta: ¿Por qué razón los migrantes latinoamericanos y caribeños residentes en naciones industrializadas son los migrantes que más envían remesas a sus países de origen, cuyo total fue de cerca de 60 billones de dólares americanos en el año 2006?
La respuesta es clara, responde el estudio: existe un comprobado interés de estas personas por el desarrollo de sus familiares, sus amigos y por ende de su país. También ha dado lugar a un tipo de ''hogares trasnacionales'', en la que un miembro de la familia, generalmente el jefe del núcleo, mantiene una conexión y relación estrecha con su hogar de origen y a la vez con el entorno social del país al que emigra.
Nuestro país debe profundizar nuestro reencuentro con la diáspora, ir más allá de los consejos consultivos de la presidencia, los diputados de ultramar ¬y crear un programa permanente que promueva la unidad y la capacidad de gestión y convivencia democrática del dominicano en el exterior, que bien podría denominarse "Dominicana nos Une".
Esto así porque los estudios e investigaciones realizados sobre la diáspora, tanto a nivel global, como en América Latina y el Caribe dejan ver que para integrar las diásporas al desarrollo, los gobiernos deben diseñar una "guía política" para incorporarlos en sus planes. Identificar las "buenas prácticas" internacionales, aumentar el conocimiento de los gobiernos sobre su potencial, identificar los socios dentro de ellas y dar seguimiento a sus propuestas.
La diáspora vive en una democracia más desarrollada que la nuestra, una democracia de instituciones fuertes y de ciudadanía responsable, que exige como derecho lo que en nuestro país les quieren dar como favor. Sabe la importancia de ese tipo de democracia para desarrollar un capitalismo transparente, incluyente, de equidad y libertad, para acceder a la prosperidad colectiva.
Y eso quiere, y a eso apuestan para su República Dominicana.