Entre clicks

Cómo elegir y procesar la información en la era digital

Un mundo de contenidos en la web. (Fuente externa)

No tenemos el número de páginas que existen en Internet. Ese número tiene que estar en algún archivo. Cada día, cientos de millones de personas entran a la web en busca de información. Esa información no siempre está diseñada para todos los gustos. Se cree que el lector tendrá la opción de elegir qué página ver: qué noticias leerá. Pero esto no siempre ocurre así.

Estamos hablando de millones de páginas. Una buena pregunta: cuáles son los temas dominantes. En los últimos meses, esta persona dirá: apuesto a que la guerra en Ucrania tendrá muchos clicks. La gente quiere saber las declaraciones de Putin. Por eso es por lo que existen los hashtags en las redes sociales. Comienzas a creer que las tendencias tienen que marcar lo que lees.

Toda la información del mundo la tienes en la mano: lo que harás es elegir. En este sentido, dirá alguien, será bueno entender qué tenemos de experimento o de personajes de una novela de Orwell. Si Putin habla quieres saber qué dice para estar más despierto: todos los argumentos del ruso son capturados por una multitud de receptores. Las palabras de Zelensky estarán en tu monitor minutos después de ser expresadas. Si calculas, desde que comenzó la guerra, has estado leyendo una crónica que cada día incorpora nuevos acontecimientos. El lector avezado dirá: esto no termina.

La gente comienza a calcular el tiempo que hemos estado en guerra: dos meses, tres meses, un año. Salimos de una pandemia –esto es lo que muchos recuerdan–, y entramos en una guerra, ahora dos. En términos básicos: no salimos de una. La recomendación de los especialistas es no estresarte, algo difícil de decir a la gente que vive en Israel en los territorios que ahora son atacados, bombardeados por las fuerzas de Hamás. Otros dicen: tómalo con calma. A fin de cuentas, vives del otro lado del mundo. Por un instinto humanitario, te sientes identificado con las soluciones que promueven la paz y un alto al fuego, algo que otros no aceptan.

En este mar de información eliges qué leer y cuando lo haces no siempre se lo dices a otros. En ese proceso, comienzas a creer que algunas fuentes son más importantes que otras. En mi caso, he aprendido que hasta el azar entra en la ecuación: una rápida navegación por las fuentes de Internet te deja enfrente de otras fuentes. Cuando tienes más de diez, por ejemplo, comienzas a elegir entre las que más se parezcan a tus requerimientos de lectura.

Algunas veces, movidos no sabemos por qué, comienzas a creer que te estás perdiendo de algo. Un rápido movimiento se apodera de tus clicks: vuelves a fuentes previas. Por supuesto, tienes un navegador que compila las páginas que has visitado en los últimos tres meses (para decir algo). Pero esas páginas no son modernas para ti y quieres más actualización.

Tomemos un ejemplo: en el caso de la guerra en Medio Oriente tienes mucha información. Alguien me dirá: es un buen ejemplo porque tienes fuentes de los dos bandos. Por un lado, tendrás esos que apoyan un bando y las otras, esas que defienden la política de este otro bando. ¿Cuál elegirás para una mejor experiencia de lectura? Alguien dirá: queremos las más imparciales.

Para algunos lectores esto no es un experimento sino una experiencia en la que tendrás la ventaja si tienes lo que más se parece a ti. El paso de crear conocimiento a partir de información ha sido estudiado. Para algunas personas, es un proceso de intelección en el que la información es comparada, analizada y vuelta a comparar con otras. En la guerra entre Hamás e Israel tienes las opciones: has descubierto que aquella fuente tiene una clara perspectiva ideológica que no apoyas. Entonces, la pregunta surge: ¿se recomienda que tengas varias fuentes para analizar los puntos de vista encontrados en un escenario de guerra?

Diré mi experiencia personal pero no en asuntos de guerra: tengo un medio que me envía cada tres días, un análisis que viene de las preguntas de algunos lectores. Esos lectores tienen una clara visión de lo que pasa en algunos países en materia cultural: gastronomía, música y otros asuntos. Las preguntas son contestadas por otros lectores que en algunos casos, son verdaderos especialistas (han vivido muchas experiencias en torno a los temas). Es como una web mínima, o digamos segmentada por temas que han sido descubiertos de acuerdo a las necesidades de conocimiento de los lectores.

En el caso de las redes sociales, te encuentras todos los días, con un montón de noticias que te mantienen al día con los acontecimientos principales: las últimas palabras de Zelensky o las noticias de esa chica sobre su perro. Esto no significa que las redes sociales sean un desastre, todo lo contrario: se parecen al mundo, algunas veces caótico, algunas veces organizado. De regreso a los otros argumentos: lo recomendable es aprender a surfear en la web como hace Patty Ornelas con las olas en California.

En los últimos meses, hemos descubierto el surgimiento de algunos especialistas en los temas actuales. La cantidad de información sobre Gaza o sobre Ucrania ha sido profusa y de esa manera tiene que ser: está en juego la supervivencia de muchas comunidades. Pero hay otro proceso: la comunidad internacional se ha convertido en testigo de los procesos históricos con una gran cantidad de asombro sobre las incoherencias y los desmanes de un grupo sobre otro. La gente se pregunta: ¿por qué no podemos llegar a una conclusión?

Análisis recientes nos hablaban de las necesidades que se dan hoy en Gaza, la situación política y muchos analistas de todo el mundo miran con un gran nivel de estupefacción cómo van los acontecimientos. Tenemos influencias de las películas en las que la violencia se convirtió en un mercado en los inicios de los ochentas: automóviles veloces, grandes armas y la lucha entre bandas.

Si no hemos hallado una solución para la situación haitiana, imagínese con la situación en Medio Oriente que tiene miles de años de conflicto. En este escenario, con toda esta información, comienzas a creer (la fe es lo último que se pierde), que las organizaciones tienen que funcionar, de una manera u otra. Es el viejo dilema de las actuaciones que algunos atribuyen a las principales potencias. El asunto ideológico, al rimo de los clicks, siempre se ha convertido en el axioma de las viejas decisiones que se convierten en nuevas.

El lector tiene la independencia de ver lo que ocurre: de un bando o de otro. El drama fluye como un río por las páginas y las redes sociales. Todos los días, tienes la sensación de que esto tiene que acabar. La comunidad internacional tiene que comenzar a trabajar, y esto es lo que muchos esperan. Mientras tanto, clickeas hacia otras páginas.

El autor es mercadólogo, escritor y melómano nacido en 1974.