Alertas, mitigación de desastres

De la negligencia a la resiliencia en la gestión de desastres

Eran las nueve de la mañana del 22 de septiembre de 1998 cuando al salir de la emisora Dominicana FM, tras culminar la revista “Línea Abierta”, caía una brizna tan ligera que se podía desafiar. En ese instante, me encontré con el entonces director de la Oficina Nacional de Meteorología, un técnico peledeísta pero sin experiencia en el gobierno, como todos.

La temporada ciclónica estaba muy activa y para el día siguiente se esperaba en República Dominicana un fenómeno que se formó en las costas occidentales de África el 13 de ese mes como onda tropical, llegando luego a categoría cuatro. 

Camino al parqueo de Radio Televisión Dominicana, indagué al director de meteorología, para saber la posibilidad del impacto del fenómeno. Me dijo: “tú ves esa llovizna que está cayendo ahora, mañana de ahí no pasa”. 

El huracán tocó tierra en seis países, incluidos República Dominicana y Haití, con categoría 3. Georges está entre los tres más mortales que han impactado el territorio, contando a San Zenón e Inés. El fenómeno de 1998 provocó la muerte de cerca de 600 personas, entre Haití y dominicana. Los daños causados se estimaron en casi 6 millones de dólares de la época. 

Resulta que no solo era una opinión equivocada de ese técnico, sino del entonces director de la Defensa Civil, que creía lo mismo, y generó luego ruido con los planteles escolares y las familias refugiadas.    

Si las advertencias y previsiones fueron desacertadas, la recuperación resultó ser un ejemplo de resiliencia: en menos de un mes de haber pasado el huracán, la mayoría de las poblaciones tenía servicio de energía eléctrica y agua, afectados en las regiones este y sur. La cantidad de viviendas destruidas o afectadas parcialmente fue enorme, pero el daño estaba hecho. Consecuencias de una errónea percepción de la dimensión del fenómeno.

República Dominicana, que está ubicado “en el mismo trayecto del sol”, como escribiera el Poeta Nacional Pedro Mir, se ubica en la misma trayectoria de estos fenómenos. 

A partir de la experiencia de Georges se iniciaron los esfuerzos para levantar la experiencia de lo que se debe o no hacer, y fortalecer las instituciones de mitigación de desastres. Los eventos acaecidos en el territorio nacional que siguen generando daños severos, después de aquella experiencia de 1998, ya tienen otras causas, explicadas por los efectos del cambio climático. Pero el país tiene una de las entidades más eficientes y coordinadas de la región, que es el Centro de Operaciones de Emergencias (COE), dirigido por un general retirado que asume su misión con disciplina y liderazgo. Para ese rol o la comunicación estratégica, la disciplina es un eje transversal. 

Desde aquella amarga experiencia, se crea el COE, como organismo rector y coordinador de las más de 30 instituciones públicas que lo integran, con mandato especial. Conforman el COE, la Dirección de Atención a Emergencias extra Hospitalarias (Daeh), el Indomet, el INDRHI, el MOPC, el Comité de Presas y Embalses, la Defensa Civil, la Cruz Roja, el 911, el Servidor de Satélites Geoestacionario, el Servicio Geológico Nacional, los Comedores Económicos, el Plan Social, Salud Pública, el INVI, entre otros. 

El 30 de octubre de 2017 se firmó el protocolo del Sistema de Alerta Temprana (Sat), que ordena cómo y cuándo actuar. Indomet da la alerta si se trata de fenómenos del clima, mientras el COE comunica y toma las medidas preventivas para salvar vidas y bienes. 

Determinar las alertas verde, amarilla o roja es responsabilidad de Meteorología, que pasa el informe de sus hallazgos profesionales al COE, mientras las demás instituciones toman las previsiones. 

En materia de mitigación de desastres y emergencias, el país cuenta con las mejores instituciones y experiencias humanas, dicho por extranjeros a este servidor. No hay forma de confundir roles en caso de eventos.