Recordando el 30 de mayo
Crónica de una hazaña patriótica en la autopista a San Cristóbal
El próximo sábado 30 de mayo se conmemorará el 65 aniversario del ajusticiamiento del dictador Trujillo. Esa extraordinaria proeza propició la construcción del sistema de la democracia, al tiempo que los dominicanos comenzaron a disfrutar -como nunca antes- de un clima de respeto a los derechos humanos y a las libertades públicas.
En honor a la memoria de los héroes que hicieron posible esa extraordinaria hazaña conviene recordar brevemente cómo ocurrieron los hechos aquel memorable día consagrado como Día de la Libertad.
El 30 de mayo de 1961 fue un día normal para la generalidad de los dominicanos. Sin embargo, al atardecer de ese martes todo cambió precipitadamente para un grupo de hombres corajudos, que desde hacía dos años tramaban cómo poner fin a la vida del tirano.
Hacia las 5 de tarde, Antonio de la Maza recibió una llamada telefónica de Miguel Ángel Báez Díaz informándole que Trujillo viajaría a San Cristóbal esa noche. (Durante tres miércoles de ese mes los conjurados intentaron emboscar al dictador, pero, por diversos motivos, no fue posible lograrlo).
Sin perder tiempo, De la Maza convocó a varios de sus compañeros disponibles en la capital. Tres vehículos intervinieron en la emboscada, que tuvo lugar entre las 9:45 y 10:30 de la noche. Distribuidos en tres carros, siete hombres participaron en el hecho político de la avenida. Dos vehículos esperarían por una señal de luces a fin de bloquear la autopista y, así, obligar al carro de Trujillo a detenerse. El tercer auto persecutor emboscaría al objetivo entre dos fuegos.
En el primer coche viajaban el conductor Imbert Barrera; De la Maza, sentado en el asiento delantero; mientras Estrella Sadhalá y el teniente García Guerrero iban atrás. En un segundo carro estaban Huáscar Tejeda y Pedro Livio Cedeño. El tercer automóvil, conducido por Pastoriza, se aparcó en el kilómetro 9 de la autopista en dirección a San Cristóbal.
La persecución del carro de Trujillo se inició luego de ser identificado. Nada más alcanzar el objetivo, y colocarse en posición paralela, De la Maza y García Guerrero dispararon sus armas logrando herir a Trujillo. El disparo de escopeta hecho por De la Maza dio en el blanco y resultó mortal para El Jefe, cuyo chofer frenó bruscamente provocando que los atacantes los rebasaran.
Sin embargo, Imbert, urgido por de la Maza, giró en “U” deteniéndose a unos 15 metros de distancia. Acto seguido, los cuatro atacantes se desmontaron del vehículo dando lugar a un intenso tiroteo que duró unos diez minutos. Trujillo y su chofer también salieron de su coche, detenido en medio del paseo central de la avenida, en posición diagonal, debido a que De la Cruz quiso intentar un giro a la izquierda para regresar a la ciudad.
En medio de una lluvia de proyectiles, y con el chofer de Trujillo ya fuera de combate, Imbert advirtió que una persona evidentemente mal herida trastabillaba frente al vehículo en donde minutos antes viajaba el hombre más poderoso del país. Era nadie más y nadie menos que Trujillo, quien se quejaba de las heridas recibidas y profería palabras ininteligibles.
Un certero disparo de Imbert hizo que Trujillo se desplomara al pavimento y, justo en ese preciso instante, De la Maza se aproximó al cuerpo inerme del tirano y le descerrajó un tiro de pistola en la barbilla y en cuestión de minutos Trujillo estaba muerto.