De la libertad de prensa al libertinaje expresivo
El debate sobre la libertad de prensa y sus límites vuelve al centro de la discusión
«Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en los medios de comunicación de la República Dominicana se leen y escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, fonéticas, semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, navismos, el estilo coloquial y frases que se apartan por completo del registro estándar de la lengua. Medios en los que a la hora de informar se prestigia el contenido y descuida la forma, creando así las condiciones para que los hablantes copien e integren a su caudal lingüístico los frecuentes desatinos que a través de ellos leemos y escuchamos… De ahí que en la cabina de radio y televisión se hable como si se estuviera en el banco del parque o en la esquina del barrio»
Pero no solo en la forma de expresión lingüística están presentes tales irregularidades. En nuestros medios de comunicación, y muy especialmente en los que se transmiten vía internet, se injuria, difama, ultraja, mancha y destruye en forma alegre la moral de los demás. Y cuando el Estado trata de intervenir para regular el problema, de inmediato se invoca la violación de la “sagrada libertad de prensa”, libertad esta que en última instancia se ha convertido en un auténtico “libertinaje de prensa”.
Un libertinaje que parece no tener límites, y el que para aquellos que diariamente lo practican, verdaderos sicarios de la palabra, no debe existir régimen de consecuencias, como muy bien se ha puesto de manifiesto en el persistente y rabioso rechazo llevado a cabo fundamentalmente por esos “sicarios” verbales, en contra de las disposiciones que acerca de la difamación, la injuria y el ultraje están contenidas en el nuevo Código penal.
Son esos representantes de la “nueva comunicación” quienes entienden que, en nombre de la libertad de prensa, pueden continuar, sin que pase nada, utilizando la lengua pletórica de vulgaridades, exabruptos, procacidades, “malas palabras” o inmundicias verbales a través de los diferentes medios de información, razón por la cual han bautizado al nuevo Código penal con el despectivo nombre de «Ley Mordaza». Olvidan estos, quizás, que los medios de comunicación de comunicación forman parte de los llamados poderes educativos, y que, en tal virtud, su misión es informar, educar, orientar, divertir y, al decir de Francisco Larroyo, ejercer influencias educativas en el individuo, no para desorientar, destruir imágenes y crear problemas en el seno de la comunidad.