Retrotopía

El fantasma de la retrotopía y el desencanto político en América Latina

Lo más relevante del libro de Zygmunt Bauman, “Retrotopía”, es que recoge de manera magistral el talante que yace en buena parte de la sociedad de hoy, el estado de ánimo global con tendencia a la desesperanza, el decaimiento, la desilusión y la tendencia al adanismo, que es la perdida de la fe acerca de que las personas pueden alcanzar la felicidad, pero en base a fórmulas fracasadas. 

A pesar de que el siglo XXl es el momento de la historia humana de mayor innovación tecnológica, como refiere el comunicólogo Bauman convivimos con la idea de que “fiel al espíritu utópico, la retrotopía —definida por él— es el anhelo de rectificación de los defectos de la actual situación humana, aunque, en este caso, resucitando los malogrados y olvidados potenciales del pasado”.

Cuando analizamos a profundidad la tesis de Bauman, este nos convida a revisar la política, no solo en América Latina sino en el resto del planeta. Otros interpretan esta obra como la historia de una decepción. 

Viendo el escenario de la región, ese es el panorama. Los pobladores de Latam estamos en un dilema serio: una derecha recalcitrante que se sube en el palo encebado del populismo, con bufones de baja monta, y un movimiento progresista que se acostumbró a vivir como burgueses, carente de discurso y replicando las mismas recetas antagonizaban. Ambos, izquierda y derecha, sin plantear soluciones de fondo a los problemas estructurales.

Para saber qué ha pasado en la región, donde una ola de derecha horripilante se alza con el poder, mientras el movimiento progresista retrocede, hay que revisar la práctica. La capacidad argumental no está ganando elecciones, sin importar que la retórica la levante la izquierda o la derecha. Eso tiene, en parte, una explicación: hay una población a la que se le inoculó con una buena dosis de estupidez, a través de sectas religiosas, entre otros mecanismos que idiotizan, que propagan el individualismo, antes que soluciones colectivas a los problemas humanos. Dicen ciertos mercaderes de Dios que la salvación es individual, pero el pastor individualiza el diezmo. Es verdad que Dios es omnisciente y omnipresente, pero dudo que el ser divino obligue a quitarle el pan de la boca al desarrapado para dárselo al pastor. Otro factor es el alto índice de analfabetismo: 32 millones de personas en Latam.

Se nos ha dicho que el buen desempeño económico de una administración ayuda a ganar elecciones. A estas alturas eso es relativo. Aunque la macroeconomía es un elemento que desde hace más de 4 décadas mantiene al país con excelente desempeño, y es obligado asegurarla, con el desarrollo y horizontalización de la comunicación y la IA, la realidad es otra. Tiene que ver con políticas públicas que impacten las raíces de los problemas ancestrales. 

Aunque el país desde hace muchos años invierte billones de pesos en programas de asistencia social, el tiempo ha demostrado que profundizan el asistencialismo, que deben ser revisados. Estos programas, antes que sacar a la gente de la pobreza, la convierten en masa amorfa parasitaria, carente de educación de calidad, sin posibilidad de integrarse al aparato productivo. Latam está en déficit en renglones como la seguridad, la protección de los recursos naturales, la vivienda y la salud, por solo señalar algunos. En las pruebas Pisa, el continente aparece con un rezago educativo penoso.

Los resultados de las elecciones en Brasil, donde el candidato populista de derecha ganó la primera vuelta, nos dice que lo que hacen izquierda y derecha, a pesar de todo el esfuerzo de Lula, tiene otros desafíos que no es replicar desde el poder las mismas recetas, teniendo a ciudadanos marginados material y espiritualmente, a los que hay que involucrar en las soluciones a sus problemas. Ni derecha ni izquierda con la actual receta fallida, sacarán lo mejor de lo que podemos dar.