Crisis cuando falta el Metro

Santo Domingo se paraliza ante la ausencia de su columna vertebral

La gran falla en el sistema eléctrico dominicano antier dejó a oscuras mucho más que semáforos y oficinas. Iluminó, por contraste, la importancia estratégica del Metro de Santo Domingo como columna vertebral del transporte urbano.

Bastó que los vagones se detuvieran para que la ciudad revelara su fragilidad. En cuestión de minutos, las estaciones se poblaron de largas filas de usuarios desconcertados, teléfonos en alto, buscando señal y alternativas. Afuera, el tránsito —ya de por sí difícil— se volvió un nudo apretado. Carros públicos repletos, motocicletas improvisando rutas, autobuses desbordados. La capital sintió el peso de su dependencia.

El Metro, que en su día fue objeto de críticas acerbas por su costo y oportunidad, demostró ayer que no era un capricho faraónico, sino una inversión en resiliencia urbana. La obra impulsada durante la administración de Leonel Fernández y luego ampliada a regañadientes bajo Danilo Medina fue ralentizada más de una vez por cálculos políticos y disputas presupuestarias. Sin embargo, su utilidad cotidiana —y su ausencia excepcional— hablan con más elocuencia que cualquier debate.

Cuando falla la electricidad, falla el país. Pero cuando falta el Metro, se paraliza la ciudad. Ayer quedó claro que el tiempo, juez implacable, suele absolver a las obras que nacen entre polémicas y terminan convertidas en necesidad.

Periódico líder de República Dominicana centrado en las noticias generales y el periodismo innovador.