En el día del ejercicio físico
El movimiento como medicina contra el silencio del sedentarismo
Bastan 130 minutos semanales de actividad física, menos de veinte minutos al día, para reducir de forma significativa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y muerte prematura. No se trata de una hazaña atlética, sino de una disciplina modesta, constante, casi doméstica. El cuerpo humano, diseñado para moverse, responde a ese mínimo gesto de atención.
Europa lo ha entendido como política pública. En Finlandia o España, el ejercicio no es un añadido, sino parte del diseño de vida. Se camina, se pedalea, se integra el movimiento en la rutina escolar. No es solo cultura, sino estructura.
En la República Dominicana, en cambio, la distancia entre conocimiento y práctica es el verdadero problema. Sabemos —porque lo dicen la ciencia y la experiencia— que el sedentarismo mata en silencio. Sin embargo, el sistema educativo apenas roza el tema: una o dos clases semanales, a veces simbólicas, a menudo sacrificables.
No es ignorancia, es flojera institucional. Se prioriza lo inmediato, la nota, el contenido, el examen, y se posterga lo esencial, tal la salud futura.
Así, el país convive con una paradoja. Mientras la evidencia insiste en que moverse es vivir más y mejor, la escuela, que debería sembrar ese hábito, lo ha olvidado. El cuerpo, paciente pero no infinito, pasa factura.